sábado, 19 de marzo de 2011

Con lágrimas de gratitud

El agradecimiento sólo es posible cuando se entiende la magnitud de lo recibido. Mientras eso no ocurre transitamos por la vida como si no tuviéramos que retribuir nada, tranquilos en nuestra inconsciencia.

Por otro lado, es preciso entender que los acontecimientos que nos ocurren son neutros, somos nosotros los que le asignamos sentido. Ese hecho es importante para entender algunos de los relatos de los evangelios.

Las mismas escenas tienen diferentes interpretaciones. Como un calidoscopio, hay múltiples formas de observar el relato.

Lucas señala que:
Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los secaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume (Lucas 7: 37-38).
Lucas no menciona el nombre, tal vez por prudencia o porque no era necesario comunicarlo para el grupo de personas que él estaba escribiendo. Sin embargo, Juan señala que ella es María, la hermana de Marta y Lázaro (Jn. 12:1-7).

Ha venido a la fiesta desde lejos. No está viviendo en la ciudad. No sólo ha visto a su hermano resucitar, sino que ha sido librada por Jesús del pecado, Lucas la califica de pecadora, las posibilidades son muchas, puede estar viviendo en una relación adúltera o simplemente haberse convertido en prostituta. No lo sabemos con certeza.

Ella está agradecida de Jesús, así que trae un vaso de nardo, un perfume líquido muy caro. El nardo tenía un olor penetrante, lo común era que lo importasen de la India. La planta de cuyas raíces se extrae ese aromático perfume procede de la India, crece en las altiplanicies de pastoreo de los Himalayas, a una altura que oscila entre 3 y 5 mil metros. El nardo era un artículo comercial desde tiempos muy antiguos.

Era costumbre mantener el ungüento de nardo en recipientes de alabastro sellados, y sólo se los abría en ocasiones muy especiales o para los ricos. El nardo fragante con que María ungió los pies de Jesús representaba el salario de casi un año de un obrero de la época (Jn. 12:3).

Agradecer en vida

Unge a Cristo en su cabeza y pies. Luego llora a sus pies. Quiso pasar inadvertida, pero, el perfume la delató. Advirtió las críticas y sintió que podría ser dejada en ridículo o que su hermana la acusaría de derrochadora.

Decidió agradecer a Jesús en vida, a diferencia de otros como Nicodemo y José de Arimatea que prodigaron su amor a Cristo después de muerto.

En esto hay una lección de María para todos nosotros. Muchas son las personas que llevan flores y recuerdos caros a los muertos. Lloran y expresan palabras de amor y cariño a un cuerpo sin vida. La ternura, el aprecio y los vocablos llenos de cariño son prodigados a una persona que no ve ni oye. ¡Cuán diferente hubiera sido la situación si las mismas expresiones de cariño y bondad hubiesen sido dichas cuando la persona vivía!

Es triste que esperemos una visita al cementerio para agradecer cuán importante han sido las personas para nosotros. María decidió hacer algo distinto. Agradeció a Jesús en vida, cuando era posible que él pudiera apreciar su cariño.

La importancia de agradecer

La otra lección de María es que simplemente fue agradecida. No esperó, agradeció cuando podía hacerlo. Nos cuesta entender que no agradecemos lo suficiente porque no apreciamos las bendiciones que recibimos. Al contrario, la mayoría de las oraciones de los cristianos se convierten en lamentaciones, clamores y petitorios y nos olvidamos de las palabras de Pablo que dice: 
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias (Fil. 4:6).
Agradecer no es algo que se enseñe, o somos agradecidos o no lo somos.

Alguien escribió:
Doy gracias por la basura que tengo que limpiar después de una fiesta, porque significa que estoy rodeado de amigos.
Doy gracias por los impuestos que tengo que pagar, porque significa que tengo trabajo.
Doy gracias por la ropa que me queda chica, porque significa que tengo suficiente para comer.
Doy gracias por el pasto que tengo que cortar, las ventanas que tengo que limpiar y las cosas que tengo que arreglar, porque significa que tengo un hogar.
Doy gracias por todas las quejas que escucho acerca del gobierno porque significa que tenemos libertad de expresión.
Doy gracias por el espacio vacío que encuentro al fondo del estacionamiento porque significa que puedo caminar.
Doy gracias por la cuenta abultada del gas porque significa que tengo calefacción.
Doy gracias por el que canta al lado mío desentonando horriblemente porque significa que puedo oír.
Doy gracias por las pilas de ropa para lavar y planchar porque significa que tengo ropa para usar.
Doy gracias por el cansancio que siento al final del día porque significa que ha sido un día productivo.
Doy gracias por la alarma que suena temprano en la mañana porque significa que estoy vivo.
En otras palabras, todo es cuestión de perspectiva. No agradecemos suficiente porque no tenemos la perspectiva correcta.

La mente del que maquina

Lucas agrega lo que ocurre en la mente del que ha invitado a la fiesta:
Cuando vio esto el fariseo que lo había convidado, dijo para sí: ‘Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca, porque es pecadora’. Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: ―Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: ―Di, Maestro. ―Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. No teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos lo amará más? Respondiendo Simón, dijo: ―Pienso que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: ―Rectamente has juzgado” (Lucas 7:39-48).
Simón, un fariseo que ha sido sanado de lepra debería estar profundamente agradecido de Jesús, sin embargo, en su mente sólo puede ver lo que está ocurriendo con una mujer que supuestamente no es digna.

Cuando ve la acción de María maquina en su mente y duda de Jesús porque se deja tocar por alguien que para él es despreciable. Lo que no admite es que él precisamente ha sido el causante de la ruina moral de María.

Con la historia de los dos deudores Cristo quiso mostrarle qué él era más deudor porque tenía mayor responsabilidad en las acciones de la mujer que ella misma. Jesús enumeró las oportunidades que tuvo Simón de expresar agradecimiento a Jesús pero que no realizó.

Simón se conmovió por el gesto de no ser condenado en público por Jesucristo. Habría sido muy fácil para Jesús dejarlo en evidencia y mostrar a los demás la hipocresía de Simón, por eso Cristo agrega:
Entonces, mirando a la mujer, dijo a Simón: ―¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies; pero ella ha regado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste beso; pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; pero ella ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: ―Tus pecados te son perdonados (Lucas 7:44-49).
El perdón incondicional

Jesús reconoce los esfuerzos de todos los seres humanos. Miró a María y pidió que la dejaran de molestar. Lo mismo que hace con todos los que han sido perdonados. Invita a los demás a que no juzguen y no condenen.

Jesús sabía que ella estaba turbada y apenada. Entendía claramente que mediante el acto de llevar ese perfume y hacer esa demostración pública ella estaba agradeciendo y escuchar las palabras de Jesús que la redimiesen.

Anunció que todo el mundo siempre recordaría el gesto de María. Hizo alusión a que un pequeño gesto de agradecimiento siempre produce grandes resultados. 

La mente del hipócrita

Pero no sólo Simón maquinaba en su mente, también lo hacía uno de sus discípulos, el tesorero del grupo, el hombre en que todos confiaban, el comerciante que se había unido a los apóstoles.
Dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que lo había de entregar: ―¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios y se les dio a los pobres? Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era ladrón y, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: ―Déjala, para el día de mi sepultura ha guardado esto (Juan 12:4-7).
Judas comienza a murmurar en contra del acto de María, considera que todo aquello es un desperdicio. Sin embargo, lo que nadie sabía, excepto Jesús, es que era un ladrón.

Judas hasta ese momento aún no había comprendido la misión de Jesús. Por otro lado, solía medir a las personas en función de los beneficios que pudiese obtener. María representaba un desperdicio porque no podía robar lo que ella derramaba sobre Cristo.

Los que contemplan sin entender

Mateo, siendo testigo directo de todo lo que ocurre, no sólo deja en evidencia que Judas piensa mal, también lo hacen el resto de los discípulos. Probablemente por la influencia de Judas, o porque tenían motivos similares. Lo cierto es que dice:
Al ver esto, los discípulos se enojaron y dijeron: ―¿Para qué este desperdicio?, pues esto podía haberse vendido a buen precio y haberse dado a los pobres (Mateo 26:8-9).
Los discípulos que contemplaban la escena no entendían nada. Estaban absortos en sus prejuicios e ideas tergiversadas.

Si hubiesen entendido lo que Jesús ya les había anunciado, que iría a Jerusalén a morir y comprendieran el don de la salvación que Jesús les daría, ningún obsequio les hubiera parecido mínimo.

Lo triste es que el esfuerzo de Cristo hasta ese momento aún no era comprendido. Vivía entre los seres humanos, y sus allegados más cercanos aún no entendían y ni siquiera estaban dispuestos a agradecer. ¡Pobres ciegos que se niegan a ver!

Si realmente hubiesen entendido nada lo considerarían demasiado costoso como para expresar agradecimiento a Cristo. Ningún acto de abnegación o sacrificio personal les hubiera parecido demasiado si entendiesen con claridad lo que Jesús estaba soportando y lo que tendría que pasar al ir a Jerusalén. Los prejuicios nublan la razón y nos hacen decir cosas que después nos avergüenzan. Seguramente cuando más tarde los discípulos analizaban su actitud en esta y otras ocasiones, deben haberse sentido muy mal.

Cuando se da sin esperar nada a cambio

María no fue pidiendo dádivas, sólo tomó una decisión, dar lo más valioso que tenía y expresarlo cuando fuera tiempo. Recibió mucho más de lo que hizo. Lo que recibimos es una respuesta a lo que damos. Probablemente recibimos menos por estar concentrados en nuestras dificultades y no en dar sin esperar nada a cambio.

Hubo una vez un agricultor de apellido Fleming que mientras trabajaba en su campo vio a lo lejos un niño aterrorizado, gritando y luchando; tratando de liberarse de un gran hoyo lleno de lodo en el cual había caído y no podía salir. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.

El próximo día, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés. Un noble, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.

―Yo quiero recompensarlo ―dijo el noble inglés. ―Usted salvó la vida de mi hijo.

―No, no puedo aceptar una recompensa por lo que hice, ―respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta.

En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.

―¿Es ese su hijo? ―preguntó el noble inglés.

―Si, ―respondió el agricultor lleno de orgullo.

―Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso. ―El agricultor que no tenía ninguna opción para educar a su hijo aceptó.

Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres, y se convirtió en uno de los médicos más conocidos a nivel mundial, el mismo rey lo nombró Sir Alexander Fleming, por haber descubierto la penicilina.

Algunos años después, el hijo del noble inglés, se enfermó de pulmonía. Gracias a la penicilina y al gesto de su padre, fue salvado por segunda vez.

El nombre del hombre que educó a Alexander Fleming fue Randolph Churchill. El nombre de su hijo Sir Winston Churchill.

Nunca sabemos lo que vamos a recibir por lo que damos. Si tuviéramos otra actitud, probablemente viviríamos de otra forma.

Conclusión

Dios sabe cuánto esfuerzo hacemos para vivir cada día. No necesitamos convertir nuestra experiencia religiosa en una larga y penosa plegaria lastimera. Dios entiende perfectamente lo que nos ocurre. Podemos ir a él contentos de que somos comprendidos.

Por otro lado, cuan agradecidos seamos con Dios dependerá de cuan conscientes estemos de sus bondades. Dios no espera grandes gestos ostentosos, sino una vida consistente en agradecimiento. Todos podemos ser agradecidos si nos lo proponemos.

Nuestras oraciones deben estar cargadas de gratitud. Nuestra vida debe ser una permanente acción de gratitud. Sin duda, tendremos toda la eternidad para agradecer, pero seremos más felices si empezamos hoy y dejamos los pasillos lastimeros de la autocompasión y acudimos a Jesús sin temor.

María fue, así como estaba, cubierta de vergüenza, señalada, apuntada, atribulada por la culpa que sentía, estigmatizada, maltratada, fue, no para pedir clemencia, no para pedir que Jesús intercediera para que la trataran diferente.

En otra ocasión había estado a los pies de Jesús aprendiendo, ahora fue, sólo para agradecerle lo que él haría. Ella entendió antes que nadie que Jesús bajaría a Jerusalén y moriría por ella y todos los pecadores. Lo que hizo fue un gesto de amor. Una respuesta al amor incondicional del maestro. ¡Qué gran lección!

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

viernes, 18 de marzo de 2011

Diferente

Todos somos diferentes, pero nos encanta asimilarnos, acomodarnos, conformarnos. Somos distintos, individuos, pero nos gusta amoldarnos como gelatinas que temen ser diferentes, un poco por el miedo a la inercia y a salir de la cáscara que muestre nuestro verdadero rostro.

No existe persona igual a otra, por mucho que se parezca, ni aún los gemelos son idénticos. No obstante, en la práctica cotidiana, la mayoría de las personas le teme en demasía aparecer como diferente a la manada.

Opinar sin levantar olas

Para no parecer distinto, la mayoría de las personas tiende a acomodarse a la opinión mayoritaria, y aunque en lo íntimo en algún momento discrepe, por “mantener la armonía” (viejo resabio de cobardía), simplemente callará, se quedará en el silencio cómplice de la “mayoría silenciosa”, la de aquellos que por no alterar la comodidad de los acontecimientos cotidianos opta por el mutismo. La “mayoría” que en tiempos de crisis, confusión ética y autoritarismo, simplemente elige callar.

Martin Niemöller (1892–1984) fue un pastor luterano alemán, uno de sus poemas ha sido repetido y recitado muchas veces para recordarnos el peligro de callar cuando hay que hablar.

“Cuando los nazis detuvieron a los comunistas,
yo me callé;
es que yo no era comunista.

Cuando los nazis encarcelaron a los socialistas,
yo me callé;
es que yo no era socialista.

Cuando detuvieron a los sindicalistas,
yo me callé;
es que yo no era sindicalista.

Cuando detuvieron a los judíos,
yo me callé;
es que yo no era judío.

Cuando me detuvieron a mí,
ya no quedaba nadie
que pudiera protestar”.

Sólo los que creen en sí mismos hablan cuando el resto calla. Son los que le temen más que a la vida, el perder su propia dignidad y sentir que se han fallado a sí mismos perdiendo la capacidad de reacción.

Armonía en la diversidad

Hace algunos días planté rosas. Una a una puse las plantas ordenadas frente a mi casa. Ahora, están comenzando a salir los botones y he descubierto con alegría que tengo cuatro rosales y son todos de diferentes colores. Ya me lo había dicho la señora indígena que me las vendió, pero no le creí, he sido engañado demasiadas veces por gente con cara de ángel, así que esperé a ver que los rosales florecieran. Debo encontrar a la mujer otra vez en el “tiangis” (expresión del dialecto local que designa a la feria dominical), le pediré disculpas por pensar mal y le compraré más rosas.

Son rosas, pero cada una es distinta. En el conjunto forman armonía, pero son diferentes. La armonía supone unidad en la diversidad.

El otro día me extasié escuchando una orquesta juvenil, realmente interpretaron de una manera hermosa una pieza de música, pero, cada uno tocaba un instrumento distinto, pero, en el conjunto formaban una armonía. La diversidad actuando unida les otorgaba belleza.

En esto de no respetar las diferencias existe gente que cree que el ideal es uniformidad, que todos piensen igual, que las opiniones sean reducidas a un mínimo común denominador. Vieja y antigua práctica de déspotas y dictadores. Que “todos piensen igual para que nadie piense”.

La verdadera unidad se sustenta en el respeto al diferente, al que tiene una opinión divergente, en intentar formar una armonía con las posiciones distintas, sin descalificar a nadie y buscando el entendimiento.

La verdad, vieja piedra dictatorial 

Creo en la verdad, pero no creo que los seres humanos sean dueños de ella. Salvo Dios, nadie tiene el monopolio de la verdad, todas nuestras certezas son apenas pequeños destellos de cualquier verdad que queramos evocar.

Cuando alguien pretende que “su verdad” no sea discutida, analizada, discrepada, está simplemente creando una tiranía de “su verdad”.

Antonio Machado el poeta español escribió un pequeño poema que dice:

“¿Tu verdad? No, la verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela".

Toda verdad que alguna persona tenga es sólo una certeza provisoria que se convierte en un grano más cuando la unimos a otras verdades que otros han descubierto.

Defender una posición como si fuera la última que no admite discusión ni análisis, es simplemente volver al oscurantismo medieval que sostenía que la tierra era el centro del universo, aún cuando las evidencias decían lo contrario.

La búsqueda permanente 

Un individuo que sepa quién es, que entienda que el diferente, que anhele verdad, sólo es un buscador permanente de certezas. Cada vez que concluye algo sabe que es sólo un descanso en el peregrinar de nuevas certezas que muestren nuevos horizontes.

Sólo cuando salimos de “mi verdad” y “tu verdad” podemos dialogar, pensar juntos, analizar con humildad nuestras perspectivas con afán de descubrimiento y gozándonos con la alegría de encontrar esas piedras preciosas que se encuentran enterradas y que sólo el investigador atento puede hallar.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

martes, 8 de marzo de 2011

Día internacional de la discriminación

Oficialmente es el Día Internacional de la Mujer, sin embargo, como todos los mecanismos que el ser humano crea para calmar su conciencia, este día simplemente deja en evidencia la profunda diferencia que existe entre varones y mujeres.

Mery Alin Núñez Thomann
Originalmente se denominaba el “día internacional de la mujer trabajadora”, lo que era peor, como si no existiera una mujer que no sea trabajadora. La mayoría de las mujeres labora las ocho horas laborales normales y las horas adicionales que ocupan para atender sus casas, mientras sus machos ―llámese hijos y maridos― que bien podrían llamarse “aspirantes a cuervos” y “zánganos puertas adentro”, simplemente se sientan a descansar y a mirar, como ellas corren de un lado a otro para cuidar niños, preparar comida, hacer el aseo, lavar ropa, remendar, planchar, ayudar en las tareas escolares, etc.

Hay muchos varones que son la excepción a la regla y colaboran. Han entendido que ser padre también implica ayudar y acompañar. Que las mujeres no deben llevar solas la carga. Siguen el principio simple de “el que ensucia limpia”, y no esperan un pedido o una súplica, simplemente cuando hay que limpiar limpia, cuando hay que cuidar cuida, cuando hay que cocinar cocina, cuando hay que lavar lava, cuando es preciso arreglar algo sólo lo arregla, y así sucesivamente. No es un niño al que hay que atender y cuidar como si fuera un infante.


La mayoría, simplemente dan por hecho que sus mujeres tienen que limpiar, lavar, planchar, cocinar, asear y ellos, sólo serán espectadores de la doble jornada de las mujeres.

Mery Alin, Mery, Katy
Femicicio y violencia

Una de cada tres mujeres es o será maltratada por varones de su entorno, llámese padres, hermanos, tíos, suegros o esposos.

En EE.UU., un país que suele dar cátedras de ética al mundo, cada 12 segundos una mujer es maltratada.

Según un dato que arroja Wikipedia en el artículo “femicidio”: “Las mujeres entre los 15 y los 44 años tienen una mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados”. Las estadísticas suelen ser frías y sin nombre, no sangran ni lloran, pero sólo pensar en este dato es como para llorar.

Muchos varones dan por sentado que pegarle o maltratar a una mujer es simplemente un derecho, algo en lo cual nadie debería meterse. Sin embargo, eso obedece a una cultura de la violencia selectiva contra la mujer que no admite un análisis serio.

Pégale a la pared

Hace unos días escuché la canción del cantante mexicano Reily:

Tengo madre, tengo hermana, tengo primas, tengo tías, tuve nana
Tengo amigas, vecinas y una novia que me ama,
Tuve una esposa y dos abuelas
Mi sobrina Carolina es la princesa,
de este cuento que nunca se va a terminar

Las mujeres son el alma de la vida,
la caricia más perfecta, son el aire
Las mujeres son la luz de medio día,
la razón de que este mundo no se acabe

Y aunque a veces nos aturden todo el día,
son valientes y no merecen un cobarde
Soy un hombre y me duelen sus heridas,
nunca olvido aquel consejo de mi padre
Pégale a la pared, pégale a la pared,
pero nunca a una mujer, nunca, nunca a una mujer

Tienes madre y lo que sigue,
no lo repito por que sonaría igualito
No soy un santo ni quiero cantarte un sermón,

Solo te pido tu respeto
Somos hombres y ellas no son un objeto,
que te cuesta llorar y pedirles perdón
O me vas a decir que te falta valor,

las mujeres son el alma de la vida
La caricia más perfecta son el aire,
las mujeres son la luz de medio día

La razón de que este mundo no se acabe,
y aunque a veces nos aturden todo el día
Son valientes y no merecen un cobarde,
soy un hombre y me dueles sus heridas
Nunca olvido aquel consejo de mi padre,

pégale a la pared, pégale a la pared
Pero nunca a una mujer, nunca,
nunca a una mujer,
Pégale a la pared

Deberían poner en cada puerta, en cada refrigerador, en cada pared que un varón mira: “Pégale a la pared”, “patea piedras”, “grítale al viento”, pero no a una mujer, ni a nadie, porque la violencia es la renuncia a la humanidad, la constatación de que somos seres que necesitamos vivir en paz para existir con sentido.

Los días simbólicos que no sirven

El día internacional de la mujer se celebra desde el año 1911, es decir, más de 100 años, recordando una vez al año que nacemos de mujer, que hemos sido alimentados por pechos de mujer, que son ellas las que nos han dado los primeros pasos y los alientos que nos continúan manteniendo hasta el día de hoy, sin embargo, esos días simbólicos sólo sirven para los discursos de los políticos que son especialistas en decir y no hacer, en adular sin actuar, en hablar sin importarles nada más que sus propios bolsillos (estoy generalizando, pero me cuesta encontrar las excepciones).

No creo en estos símbolos vacuos. Creería más cuando empecemos a crear escuelas sin diferencias de género, leyes que efectivamente conserven la paridad entre los géneros, iglesias y discursos de religiosos que no sigan discriminando basándose erradamente en la religión, hogares donde prime la relación de colaboración y no el servilismo, etc.

Es preciso educar. A varones y mujeres para que entiendan la necesidad de vivir sin los constantes guiños a la discriminación.

Estadísticas de terror

Una muestra de que no sucede mucho con estos esfuerzos y discursos que duran un día es que:

·         Cada 18 segundos una mujer es maltratada en algún lugar del mundo, según el último informe de las Naciones Unidas.
·         Una de cada cinco mujeres en el mundo es víctima de maltrato al interior de sus hogares según datos de la Organización Mundial de la Salud.
·         En ningún país del mundo la mujer tiene el mismo estatus ni oportunidades que los varones, por muchos que nos jactemos que somos civilizados.
·         La principal causa de muerte en las mujeres de 14 a 44 años en el mundo, es la violencia doméstica.
·         Según un informe de la UNIFEM: “Al menos una de cada tres mujeres en todo el mundo ha sido golpeada, coaccionada sexualmente o ha sufrido otro tipo de abuso en su vida (siendo el culpable de los abusos generalmente un conocido)”.
·         El Banco Mundial establece que la violencia contra la mujer es la “causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad de procrear tan seria como el cáncer y una causa de mala salud más frecuente que los accidentes de tráfico y la malaria juntos”.
·         Sólo 45 países en el mundo tienen una legislación específica sobre violencia doméstica que pretende proteger, al menos en el papel, a la mujer.
·         La mayoría de las mujeres sufren de desigualdad laboral, a mismos trabajos con los varones, reciben entre un 30 y 45% menos de salario que los varones en labores similares.

Religiosos y la mujer

Paradojalmente, uno de los referentes más discriminatorios en relación a la mujer son las religiones. No sólo el mundo musulmán, sino también el ámbito cristiano.

La mayoría de las congregaciones religiosas cristianas no aceptan entre sus líderes a mujeres. En casi todos los grupos religiosos cristianos los que dirigen las directrices morales, éticas y religiosas son varones. En casi todos los seminarios teológicos cristianos a nivel mundial, son los varones mayoritariamente los que enseñan y los que aprenden.

Siendo que los cristianos son seguidores de Jesús, quien con su actitud y conducta revolucionó la forma de tratar a la mujer de su tiempo, y estableció un modelo para todas las culturas y todos los tiempos, aún hay mucha tarea que realizar para enseñar a los varones a no torcer las Escrituras para dar mensajes discriminatorios. Aún hay líderes religiosos que esperan que las mujeres se mantengan en silencio, sean sumisas, acepten el maltrato y la discriminación como directriz divina, y que no enseñen. Se las trata con paternalismo, asistencialismo y creyendo que son más débiles por lo tanto hay que “protegerlas”, “cuidarlas” y “guiarlas”, todos conceptos sexistas que nada tienen que ver con una religión sana y con un Dios que “no hace acepción de personas”.

Conclusión

No me gusta el Día internacional de la mujer, porque sólo sirve para recordar la discriminación. Alguien podrá decir: “Algo es algo”.

Sin embargo, no me conformo, quisiera más. Una educación no sexista. Iglesias paritarias. Sociedades de respeto. Empresas con igualdad en base a mérito y no sexo, etc.

Es probable que sea soñador. Pero, no puedo evitarlo. No quiero dejar de creer en las utopías. Tal vez algún día mi hija será tratada exclusivamente por ser persona, y no porque es mujer. Nadie mirará a mi esposa como alguien que debe depender. Ni nadie tratará a mi madre como una anciana que como mujer no tiene mucho que aportar. ¿Será mucho pedir una iglesia, una escuela, una universidad, una sociedad, sin diferencias de género?

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

martes, 22 de febrero de 2011

Crímenes de honor entre cristianos

Hina Saleem era una joven inglesa de 20 años de origen pakistaní. Tenía toda la vida por delante. Gozaba de muchas cosas que ofrece el mundo moderno, sin embargo, eso no tenía contenta a su familia. Un grupo de sus familiares planificaron lo que en su cultura se considera “salvar el honor”. Su propio padre Mohammed Saleem le propinó 28 puñaladas en el cuello, muestra de barbarie y de ensañamiento. Luego, fue enterrada en el jardín de su casa por su propia familia, una muestra más de abuso de poder, el mensaje: Te traemos de vuelta aunque no querías.

Hina Saleem
Hoy Saleem purga una condena de 30 años de cárcel e insiste en que es inocente y que no entienden su cultura. En una entrevista otorgada a BBC Mundo Saleem insiste en que es un “buen padre” que sólo quería lo mejor para su familia, sin embargo, no dudó en asesinar a su propia hija cuando sintió que ella se estaba apartando de las enseñanzas de su familia.

La situación de Asrin Masifi de 21 años, de origen kurdo, no es muy diferente. Estudiante y presentadora de televisión, famosa en Suecia donde vivía desde la adolescencia. Estudiaba en la Escuela Superior de Ingeniería (Tekniska Högskolan) de Estocolmo y era directora y presentadora del programa Mosaik, un espacio donde se ocupaba especialmente de los atropellos y discriminaciones sufridas por los inmigrantes al venir a Europa.

Ella fue estrangulada por su padre al negarse a vivir de una manera oriental y por aceptar el modo de vida occidental al elegir casarse con un “impuro”, es decir, con un no musulmán.

Asrin Masifi
Crímenes de honor

Es paradojal que en una sola frase se puedan unir la palabra “crimen” y “honor”, para entenderlo hay que hurgar en la mentalidad de quienes creen que tienen derecho a imponer “justicia”, cuando algo que consideran importante no está siendo respetado.

La mayoría de quienes practican esta barbarie son personas de religión musulmana, no digo con esto que sea práctica de todos, porque sería exagerar, sin embargo, es sintomático que la religión llevada a un extremo suponga este tipo de realidades.

Se usa la expresión “crimen de honor” para señalar el castigo que se le impone a una mujer (rara vez a un varón), por parte de miembros de su familia o individuos de la comunidad en la que habita y que consideran que la víctima los ha deshonrado.

La forma más usual de maltrato es quemarla viva, rociarla con ácido, estrangularla, degollarla, apuñalarla o lapidarla.

Las razones que se utilizan para esta práctica inhumana son:
  • Rechazo a un matrimonio concertado. No existe el derecho a elegir marido por su propia cuenta. 
  • Haber sido víctima de una agresión sexual, en ese caso, la víctima es juzgada como culpable. 
  • Solicitar el divorcio. 
  • Cometer adulterio. 
  • Relacionarse afectivamente con una persona que no sea de la comunidad o la raza. 
  • Pretender elegir una forma de vida o profesión que no sea avalada por la familia. 
Es una práctica horrenda que transgrede lo principios más elementales de la decencia, la cultura y los derechos humanos. El sitio Islam News muestra algunas fotografías tristísimas de los efectos de esta práctica entre mujeres que sobrevivieron, pero que llevarán las marcas emocionales y físicas del atropello que sufrieron.

Miles de mujeres sufren año a año asesinatos, violaciones, desfiguraciones, amputaciones, golpizas, y todo tipo de maltrato a manos de padres, hermanos, u otros parientes por negarse a aceptar casamientos forzados, estilos de vida, religión o cualquier otra tradición que vaya en contra de sus propias conciencias.

Crímenes de honor entre cristianos

Muchos cristianos, con una miopía cultural extraordinaria, miran estos acontecimientos y se jactan de pertenecer a una cultura “diferente” y “superior” donde imperan otros valores. ¿Será verdad esta premisa?

* Ruth,[1] tenía 17 años cuando se enamoró de un compañero de clases. Cuando su padre, pastor de una iglesia se enteró le ordenó que no hablara más con él. Cuando ella resistió a la orden del padre que consideraba que aquel joven no le convenía, él la golpeó de manera salvaje con una correa de cuero. Un día el padre la vio con el joven en la calle y no le dijo nada. Sin embargo, cuando ella volvió a su casa se encontró con que la puerta estaba cerrada con llave. Cuando golpeó salió su padre y sin mirarla le tiró una maleta con algo de ropa y le dijo que no volviera nunca más. Fue acogida por una familia samaritana, sin embargo, se deprimió profundamente y en ese contexto comenzó a beber alcohol. Con el tiempo se volvió adicta. El padre y su familia actuaban con indiferencia por considerar que ella lo merecía. Nadie parecía darse cuenta que la familia y su trato eran el detonante para su conducta. Semana a semana dicho pastor hablaba a la gente del amor de Dios, mientras su hija vagaba por las calles y dormía bajo un puente.

*Solange se casó enamorada, aunque temiendo equivocarse, en ocasiones había visto conductas en su esposo extrañas y ajenas al ideal que ella se había planteado, pero pensaba que eran ideas locas de ella. El día que él la golpeó por primera vez fue un momento dramático. Cuando la tiró contra la pared por segunda vez y ella quiso irse, el sólo mencionar la posibilidad hizo que él reaccionara con tal furia que le destrozo la mandíbula de un puñetazo, que luego ella informó como un accidente. Aprendió la lección, mantenerse en silencio, hacer todo lo que él dijera y simplemente actuar como si nada pasara, incluso, acompañando a su esposo a las reuniones de la iglesia donde él era un líder destacado.

*Roxana siempre deseó ser dentista, cuando le confesó a su padre sus intenciones, él la miró fríamente y simplemente le contestó: Aquí no interesan tus deseos, vas a estudiar para ser maestra, te vamos a buscar un buen esposo y eso será todo. Ni se te ocurra otra cosa porque el que paga soy yo, no tú. Ella se quedó pasmada, sabía que con él no podía discutir, siempre perdía, además, le tenía miedo a sus reacciones. Fue a la universidad cristiana que su padre eligió, pero era infeliz, cuando ya no soportó más, postuló a escondidas de su padre a otra universidad, a la carrera que soñaba. Cuando finalmente confesó su padre la golpeó con una vara hasta hacerle sangrar las piernas. Huyó de su casa y fue acogida por familiares. Con el tiempo logró estudiar con una beca y con mucho esfuerzo. Su padre no volvió a hablarle, le dijo a otro familiar que ella había muerto para él.

*Sonia, madre de dos hijos, solía apoyar a su esposo, un pastor exitoso, la gente creía que ella era una privilegiada por vivir al lado de un “hombre de Dios”. Lo que no sabían era lo que escondía detrás de esa sonrisa y de las apariencias: Maltrato verbal, descalificaciones, manipulación, obsesiones sexuales, humillaciones sutiles, golpes, control, abuso monetario, etc. Un día no soportó más y huyó de su casa, regresó a su país. El esposo con engaños secuestró a su hijo menor, sabiendo el daño emocional que le ocasionaría a la madre y lo sacó del país. En todo momento él ha actuado como si fuera la víctima y ella la victimaria, y constantemente alude a su papel religioso y a la necesidad de ella de someterse a su voluntad.

*Gloria se casó con un estudiante de teología, quería ser esposa de pastor. Sin embargo, desde la primera semana de casados él comenzó a golpearla de manera salvaje. Una y otra vez él le decía que tenía que “educarla” para ser una persona sumisa y aprender a someterse a la voluntad de su esposo porque así lo ordenaba Dios. Ella lo abandonó, sin embargo, tuvo que vivir escondida durante mucho tiempo amenazada de muerte por su ex esposo y sufriendo además de la presión, incluso de su propia familia, para que volviera y aprendiera a sujetarse como “la Biblia dice”. Después de años de terapia, trabajo en grupos de apoyo psicológico y en su propia búsqueda de paz ha logrado encontrar un poco de equilibrio en su vida.

El machismo cristiano es peligroso

No sólo el machismo es peligroso por toda la carga de violencias y conflictos que genera. El machismo religioso es peor aún porque intenta justificar sus acciones con base en una supuesta fundamentación bíblica teológica para su accionar. Es un intento enfermizo por procurar validar una conducta que por sí es desequilibrada.

El problema mayor se sustenta al interior de muchos hogares e iglesias cristianas que no sólo toleran algunos excesos como los descritos en los párrafos anteriores sino que los avalan como conductas propias del mundo privado de los individuos o como una manera de ver la religión, supuestamente tan válida como otras.

El machismo cristiano enferma, maltrata, violenta, agrede, y somete a sus víctimas a las más crueles vejaciones. No es distinta la situación a lo que ocurre en el mundo árabe musulmán fundamentalista.

El error de categorizar violencias

En este contexto, un fenómeno más o menos común es categorizar violencias, como si los “tipos de violencia”, hicieran diferentes “tipos de víctimas”. La realidad es que salvo la muerte que es el extremo de la violencia, todo acto violento deja huellas en las personas, y no sólo físicas, sino emocionales y religiosas.

La herida física siempre es más fácil de tratar, porque es localizada y porque está visible. Sin embargo, las heridas emocionales, que no se ven, tienen el potencial de ser mucho más destructivas e invalidantes a largo plazo.

En un acto de irresponsabilidad ética, algunos minimizan un insulto o un golpe, pero maximizan un asesinato. Tienden a disminuir como inofensivo el trato de padres que se creen dueños de sus hijos, considerando que “hay cosas peores”. La realidad dista mucho de este simplismo. Un niño o niña obligada a vivir de una manera que no desea, tarde o temprano desarrollará dolencias físicas y mentales que pueden llevar al individuo al manicomio, al hospital o al cementerio.

Es un grave error de concepto creer que la religión autoriza a:
  • Maltratar físicamente a los hijos. 
  • Obligar a los hijos a elegir la profesión que los padres desean. 
  • Obligar a los hijos (especialmente las hijas) a elegir como cónyuge a alguien que los padres aprueben. 
  • Humillar o someter a cualquier trato impropio a los hijos o cónyuges que opinen diferente al padre o marido. 
  • Obligar a la esposa a actuar según los dictados del marido. La sumisión supuesta de la mujer al marido no soporta un examen bíblico honesto. 
El cristianismo es desfigurado de sus propósitos o ideales, cuando hay cualquier rasgo de verticalidad, obligatoriedad, maltrato o violencia. Ser cristiano no tiene nada que ver con violencia o discriminación. Esa es una visión distorsionada y fanática que en nada favorece el mensaje de Jesús quien no discriminó ni maltrató a nadie.

Conclusión

Antes de mirar la paja en el ojo ajeno es preciso mirarse al espejo y analizar cuidadosamente lo que se ha logrado y la razón de ser de las costumbres y hábitos sociales que se tienen.

Nunca un Dios de amor va a pedir maltrato ni sumisión unilateral. Dios no crea seres humanos de primera y segunda categoría. En Cristo, nos dice Pablo, “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gá. 3:28). Han pasado siglos, y aún a muchas personas que van a las iglesias y simulan adorar a Dios, que no entienden el mensaje tan claro y certero de Pablo. En Cristo no pueden existir divisiones de ningún tipo, si las hay, allí no reina el mensaje evangélico de Jesús.

Llamarse cristiano y maltratar, son dos cosas diferentes, opuestas y antónimas. Mientras esto no se entienda y se hagan cambios sustanciales, no habrá justicia para las víctimas y seguirán surgiendo nuevos casos de violencia justificada por la religión.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.


[i] Todos los nombres y detalles de origen han sido cambiados por respeto a la privacidad de los involucrados.

lunes, 31 de enero de 2011

La noche avanza inexorable

¿Cuándo sabes que estás envejeciendo? Hay detalles que de pronto pasas por alto, pero están allí para recordarte que no eres de hierro, que tal como la noche sigue al día, la hora avanza inexorable sin que lo puedas evitar. El Superman que llevamos dentro algún día se llena de arrugas.

El día que mi hija me dijo, con su cara preciosa y con una sonrisa de oreja a oreja:

―Papi me voy a casar.

Ese día envejecí diez años, no porque me entristeciera, sino porque enseguida comprendí que después del matrimonio vendrían nietos que en algún momento me dirían:

―¡Abuelooooo! ¡Abuelitoooo!


Menos mal que mi hija ha tenido la decencia y la compasión de retardar ese momento, para darme la ilusión, al menos por un tiempo de que no estoy tan viejo.

El sábado salí a caminar, no mucho, algunos kilómetros, y como hago siempre, con entusiasmo, mirando los árboles, sintiendo el fluir del aire entre las ramas, oyendo la cadencia del río rozando las rocas y el piar de las aves. Fue una buena tarde, pensé que había hecho un buen intento, que había logrado bajar la montaña y luego retornar, y entero, y venía riéndome de mi mismo al pensar que debería haberlo pensado mejor al bajar por ese camino porque tenía que regresar y cuesta arriba. Pero llegué, feliz, sudoroso, con la frente en alto, sin jadear y creyéndome un victorioso, pero mi aspirante a nuera, Katy, me bajó a la cruda realidad con una sola pregunta:

―¿A dónde fueron a caminar?

E ingenuo y jactancioso respondí:

―¡Hasta la cueva que está bajo el puente!

―Uff, ¡ahí no más! Nosotros fuimos hasta la cima, río arriba, y luego bajamos por la ladera de la montaña, ¡llegamos con un hambre!... ―y siguió hablando mientras me reía para adentro diciéndome a mi mismo: ¿Pensar que yo creí que había hecho un gran camino? Allí envejecí otros cinco años…

La vida se va, inexorable, ¿qué nos queda? Pues, muchas cosas, algunas que no podemos discernir con claridad y otras que están frente a nuestros ojos sin que podamos evitarlo.

Soy de la generación que está viendo como sus profesores están muriendo, este año se fue un querido maestro que amé profundamente como mentor. Mis padres pronto partirán, ya mi madre compró su mausoleo y ha planificado varios de los detalles de su funeral, incluyendo su féretro, y no es que sea una mujer macabra, ni nada por el estilo, es práctica, y esa es la virtud que más he admirado de ella toda la vida. Creo que he adquirido al menos un porcentaje de su practicidad porque hoy le di detalles a mi hijo de cómo quería que me trataran cuando me muera: Quiero que me incineren y que mis cenizas las echen al mar, me quedó mirando como diciendo:

―¡Estarás muerto! ¿Qué sabes qué haremos?

Como adiviné lo que pensaba le dije:

―Dejaré un testamento legal para que alguien lo haga ―y nos pusimos a reír.

Edgardo, un viejo amigo, a quien quiero mucho, mi mejor compañero de colportaje, condiscípulo, con el que discutí durante dos veranos, pero a quien llegué a apreciar como mi hermano, está enfermo, grave, con una enfermedad de la cual no hay garantías. Nos separan miles de kilómetros, yo en México y él en el Sanatorio Alemán de Concepción, Chile, cuando supe del lugar en dónde está, pensé: ¡Qué ironía! Siempre he relacionado ese hospital con una de las cosas más bellas que me ha ocurrido en la vida, aparte de la llegada de Mery Alin, mi hija amada, que es el nacimiento de Alexis Joel, otro de los regalos del cielo para mi vida, hace 21 años, en ese mismo establecimiento. Si Edgardo parte, ese lugar ya no tendrá para mí el mismo sentido, lo asociaré a la vida y a la despedida, porque la muerte para los creyentes es sólo eso, un ¡hasta luego!, ¡nos vemos pronto! Pensando en Edgardo, envejecí otros cinco años…

Mis amigos están enfermando… y envejeciendo. Como me dio tanta nostalgia pensar en Edgardo me puse a hacer zapping en Facebook, ¡si!, ¡para eso sirve también!, ocupé dos horas, desde las cuatro de la mañana, para ir de amigo en amigo, pero concentrándome en sus hijos. Supe que Michael, el hijo de un amigo que lleva mi nombre, ya es todo un hombre, que otro, ya es gerente de una empresa, que el hijo de una exnovia es estudiante de medicina, encontré a ex amigos, a ex compañeros de colegio, a ex vecinos, a ex ex ex ex… Recordando, mirando, añorando, envejecí otros cinco años… y sentí el tic tac de mi reloj… aunque es de cuarzo y su sonido no lo percibe nadie.

Cuando iba conduciendo mi vehículo cuesta arriba, por las hermosas montañas de Chiapas, llenas de árboles, de pinos centenarios y conversando con mi hijo, pensé: ¿Qué puede ser más hermoso que viajar acompañado de alguien que amas y a quien le gusta tu compañía? ¿Qué conversación maravillosa? Escuchar sus sueños, observar sus ojos radiantes, llenos de la luz que da la esperanza. Hablamos del amor, de la tristeza, de la soledad, del matrimonio que está programando, de las aventuras que da la existencia, de la alegría que da saber que la vida avanza… y llegamos a casa, tres horas después… pero que parecieron apenas unos momentos, y ¿saben qué? ¡De pronto renací!... recuperé los años que perdí en estos días, porque la esperanza hace que la vida continúe, hasta el último segundo y aunque mis huesos cansados me dicen que ya no estoy para ir a la cima de la montaña, de todos modos, mi corazón continúa latiendo y sólo escuchar a un joven de 21 años soñar, me hizo mirar la vida desde otra perspectiva.

Edgardo, querido amigo, tu sufrimiento es mi dolor, pero la vida continua, los hijos llevan la antorcha, los sueños no mueren… alguien por ahí sabe que eres su padre, que has sido esposo, amante, amigo, compañero, guía... que no importa lo que ocurra, mientras alguien nos recuerde, la vida sigue. Por último, nuestras obras nos sobrevivirán y continuaremos vivos en la memoria de otro.

Son las 23.30 de la noche, mi día comenzó a las cuatro de la mañana, pero ¿saben?, tengo en mis ojos el brillo de la esperanza, y eso es más importante que cualquier otra cosa. Confío en estar lo suficientemente vivo para algún día mirar la puesta de sol frente al mar y sentir el arrullo de las olas mientras sorbo a sorbo bebo el amor, el cariño, la complicidad de una buena conversación, y la sensación de que la vida no acaba sino hasta el último segundo, y hasta que llegue ese momento, hay que celebrarlo a fondo. ¡Viva la vida! ¡Vida que vive hasta el último momento! Porque tal como decía un viejo y querido panadero: Se acaba hasta cuando se acaba.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

domingo, 30 de enero de 2011

La rigurosidad ética que falta

Mark Galli, editor administrativo de la revista Christianity Today señala que “los evangélicos debieran pensar más sobre la ética, porque es parte fundamental de las Escrituras y es algo relativamente descuidado en comparación con nuestro interés, por ejemplo, en el crecimiento de iglesias, el evangelismo, las misiones y la doctrina” (“Serious About Ethics”, Christianity Today, mayo 2006, 8).

A juzgar por la cantidad de libros que se encuentran en las bibliotecas de cualquier universidad cristiana Galli pareciera tener la razón. Es como si de pronto todo lo que implique crecimiento y de alguna forma victorias palpables, interesa mucho más que tomar decisiones éticas.

Cuando se estudia en detalle el discurso de Cristo y los libros de Pablo y los otros escritores neotestamentarios la vida práctica y el comportamiento ético ocupan un lugar prominente, mucho más importante que cualquier otro elemento del evangelio.


¿Cuál es el peligro de dejar a un lado la reflexión ética? 

Evidentemente es mucho más “rentable” (si es que se puede decir así), en términos de popularidad y poder el buscar figuración pública y eclesiástica que dar directrices éticas.

La reflexión ética está en el ámbito de la axiología, la racionalidad y la reflexión sobre principios universales. No se puede hacer ética de manera apresurada y exige tomar decisiones, muchas veces impopulares. Sin embargo, guiar la vida por principios éticos es demandante y hasta cierto punto arduo, pues amerita análisis, reflexión y elaboración teórica que va mucho más allá de la contingencia y del discurso políticamente correcto.

Cuando las instituciones religiosas y cualquier otra, no construyen una base ética adecuada y no se está constantemente analizando los procedimientos a la luz de principios éticos universales, entonces se cae en juegos políticos, luchas de poder, abuso, arbitrariedad y un sin número de acciones que son la antítesis de la ética.

Ética si, moralismo no 

Paradojalmente, en los grupos religiosos se habla mucho de moral, pero no hay que confundirse: la moralidad no es necesariamente ética. Los moralismos están a menudo ligados a formas culturales, acciones costumbristas, prejuicios, mitos, supersticiones y, por qué no, en muchos casos a ignorancias.

Lo esperable es que un principio ético debería dar origen a un valor que se derive de dicho principio y de allí, habría que optar por un comportamiento moral que tenga un sustento ético valido.

En el artículo citado Galli añade que la “chapucería moral” que caracteriza a la mayoría de las congregaciones religiosas contemporáneas dejan mucho que desear entre sus miembros y el mundo circundante respecto a actitudes y conducta. Para este autor el mayor desafío de la iglesia del siglo veintiuno es “desarrollar una moralidad mucho más rigurosa y considerada que acompañe nuestra obra rigurosa y considerada en el área de la doctrina y la exégesis” (Ibid.) En otras palabras, es preciso aplicarnos más a la tarea del análisis ético, con la misma rigurosidad y empuje como lo hacemos en otras áreas.

Muchos cristianos consideran “impráctico” un análisis ético sustentable y prefieren la manida forma fácil de actuación que se encubre en el “así se ha hecho siempre”, que es tan caprichoso como decir “así me gusta actuar y no admito otra opción”.

Jesús modelo ético 

Al analizar con detalle la actuación ética de Cristo se observan hechos sorprendentes que es el único modelo válido para quienes han de entender cómo debe ser la actuación de sus seguidores.

Jesús nunca, por ninguna razón, hizo acepción de personas, eso implica tratar a todos con tolerancia y bondad. Podría haber discriminado a las personas pero no lo hizo. A los únicos que trató de manera dura y cortante fue a los religiosos de su tiempo que habían olvidado el sentido de la misericordia y el perdón de Dios.

Cristo no actuó movido por motivos políticos, no accedió a dar guiños al poder de turno con el fin de lograr algún beneficio, al contrario, vivió de manera coherente con la verdad que proclamaba. Eso le significó ser perseguido por los políticos de su tiempo y todos los religiosos que consideraban que él era irrespetuoso al no humillarse frente a ellos.

Trató a cada individuo como único e insustituible. A una mujer al lado de un pozo le dio el mismo mensaje de esperanza que a un rabino en la noche, pero a los dos les habló de la forma en que pudieran entender, sin intentar forzar la situación y entendiendo que ambos tenían que ser tratados de acuerdo a sus características individuales.

Lo que hizo no lo realizó en miras a algún bien temporal, siempre buscó que su vida fuera guiada por los más altos estándares éticos, respetando al ser humano aún cuando fuera opuesto a él y amando incondicionalmente aún a sus enemigos.

Conclusión 

Llevados por el moralismo imperante muchos cristianos se dejan arrastrar por normas y códigos cuya base es cultural, con fundamento relativo y no basado en principios éticos universales. La reflexión ética debería ocupar un lugar prominente en los análisis de los cristianos, de otro modo, renunciamos a uno de los aspectos más relevantes del cristianismo.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

viernes, 21 de enero de 2011

Pasaporte hacia mi mente

He pasado una y otra vez por diferentes fronteras, más de las que puedo recordar. He renovado pasaporte ya en unas seis ocasiones, los dos que poseo, el de Chile y el de Argentina. Cada vez que marcan con un sello esas páginas siento una alegría y también una sensación de nostalgia. Alegría porque pasé migraciones, no suelen ser muy simpáticos los que están controlando el ingreso de personas y su trabajo es desconfiar de todo aquel que ven, así que traspasar sus rostros y entrar al país es en suma, un triunfo. Sin embargo, también me da nostalgia, sentir que los humanos hemos puesto fronteras, que nos escondemos detrás de paredes que nos separan, que un sello puede ser toda la diferencia entre una vida y otra para una persona.

La última vez que entré a EE.UU., el oficial que me atendió me sonrió, fue amable (si a su cara inexpresiva puede llamársele amabilidad), luego, puso mi pasaporte en una funda que tenía una orilla roja y llamó a un oficial y me pidió que lo siguiera. Llegué a una oficina pulcra, pero fría, no porque fuera invierno, sino porque se helaba el alma al ver la inexpresividad de los funcionarios que allí laboraban. Me hicieron esperar, una hora, estaba nervioso porque tenía una combinación e iba a perder mi vuelo. En algún momento me paré para preguntar si ellos sabían que tenía otro vuelo, con su rostro de madera me dijeron que si, que no me preocupara, pero que no me moviera de allí. No decían nada. Llegaban otras personas, con sus pasaportes en sobres igual al mío y otros con una marca amarilla. De pronto entró un oficial, me llamó por mi nombre, era un moreno que a mí me pareció de dos metros, seguramente era más pequeño, pero en esas circunstancias me parecía inmenso. Me comenzó a interrogar: ¿Dónde nació? ¿Cuál es el nombre de su padre y de su madre? ¿Cuál es el nombre de alguno de sus hermanos? Luego, sin decir nada, se marchó. Media hora después volvió el mismo hombre, me sonrió (fue la primera sonrisa de esa mañana), y me dijo que me podía ir.

―¿Qué pasaba? ―le pregunté inquieto.

―Nada ―me dijo, inexpresivo― sólo alcance de nombre.

Mi esposa se ríe de mi diciendo que por allí debe andar un homónimo terrorista o narcotraficante con un pasaporte con mi foto.

En Panamá vi en la aduana a una mujer llorando e implorando que la dejaran entrar, y el oficial de migraciones la miraba inexpresivo (¿irán a la misma escuela para aprender a mirar así?). El hombre le indicó que no y otro la empujó para llevarla a una sala donde probablemente la embarcarían de vuelta al lugar de donde había venido.

En otra ocasión, pasando desde Bolivia a Perú, por un paso terrestre, vi a funcionarios tratando a todo aquel que entraba de una manera tan poco cordial que quise reclamar. La persona que iba a mi lado me apretó el brazo y me indicó que me callara, que si no podría tener problemas. ¿Por qué? ¿Por oponerme al abuso? Mi compañero simplemente me dijo:

―Con los de migraciones no se discute.

Ayer mi hijo me preguntó por qué razón la gente de las aduanas y migraciones son tan poco amables. Mi respuesta fue:

―Es su trabajo. La amabilidad puede resultar sospechosa, y su trabajo es sospechar de otros, no que sospechen de ellos.

Luego se me ocurrió que muchas personas viven encerrados en sus mentes, y allí sentí un golpe en el alma, porque pensé que en el último tiempo he puesto barreras, he creado fronteras y me he ido quedando dentro de vallas de alambradas de puas.

El efecto de la desilusión 

Cuando alguien vive alguna desilusión, una de las tendencias es a perder la confianza. En el último tiempo, creo que he perdido más que la ilusión, he ido perdiendo la confianza, y eso es una gran pérdida.
No quiero que la gente use pasaporte para llegar a mi mente o a mi corazón. No quiero armar fronteras para mis sentimientos. Vivir encerrado por sospechar de todos, no es una buena forma de vivir y no quiero eso, me rebelo al pensar que los que actúan mal provoquen en mi esa sensación.

Hoy en la mañana leía una página del libro Razones para la esperanza, de José Luis Martín Descalzo, un sacerdote español que me ha seducido hace mucho tiempo con sus libros tan cargados de sencillez y a la vez de profundidad, cosa no fácil en estos tiempos anegados por la farandulización de la vida, eso incluye iglesias, estados, familias, individuos, etc., convertidos en espectadores de shows mediáticos donde lo efímero es más importante que lo eterno y trascedente, la locura vista como vida. En una de sus páginas encontré esa idea de poner pasaportes a la mente. ¡Qué extraordinario como una frase provoca tanta cantidad de pensamientos en alguien!

Los que actúan mal, tienen la habilidad de quitarnos algo más valioso que la vida misma, la certeza de la verdad, la confianza en el ser humano, la convicción de que no podemos vivir solos, que necesitamos a los demás, y los demás nos necesitan a nosotros.

El infierno son los demás 

Ayer recordé esa frase escrita por el filósofo francés Jean Paul Sartre: “El infierno son los demás”. Me niego a creer que Sartre tenga razón. Es verdad que la conducta de otras personas puede hacernos la vida muy difícil, pero permitir que nos amarguen, nos desilusionen, nos arrastren por el camino del sarcasmo, la ironía maliciosa o la maldad, es simplemente permitir que su infierno nos queme.

Nadie puede provocar que nos convirtamos en viles y pongamos barreras en nuestra mente y sospechemos de todo el mundo, a menos, que lo permitamos, esa es una decisión única de nosotros y de nadie más.

Mi decisión 

He decidido que la amargura de otros no me amargue, que la desilusión de otros no me convierta en un enclaustrado en mi propia mente.

No deseo que la ambición de poder de algunos que conozco me convierta en un individuo que sospecha de su sombra.

No quiero que el día de mañana sienta que he perdido puestas de sol, caminatas a la luz de la luna o hundir los pies en la arena, sólo por estar atado a la auto conmiseración y el dolor de las heridas provocadas por otros.

He decidido creer que el que me hiere lo hace porque está ciego, porque está tan hundido en su propia miasma que no es capaz de entregar otra cosa, en ese caso, no es digno de mi rabia, sino de mi compasión.

No quiero que la gente tenga que usar pasaporte para llegar a mis sentimientos, ni tener que poner la cara que ponen los funcionarios de migración donde cada persona que pide la entrada es un sospechoso. Vivir así simplemente no es vida.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.