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martes, 8 de marzo de 2011

Día internacional de la discriminación

Oficialmente es el Día Internacional de la Mujer, sin embargo, como todos los mecanismos que el ser humano crea para calmar su conciencia, este día simplemente deja en evidencia la profunda diferencia que existe entre varones y mujeres.

Mery Alin Núñez Thomann
Originalmente se denominaba el “día internacional de la mujer trabajadora”, lo que era peor, como si no existiera una mujer que no sea trabajadora. La mayoría de las mujeres labora las ocho horas laborales normales y las horas adicionales que ocupan para atender sus casas, mientras sus machos ―llámese hijos y maridos― que bien podrían llamarse “aspirantes a cuervos” y “zánganos puertas adentro”, simplemente se sientan a descansar y a mirar, como ellas corren de un lado a otro para cuidar niños, preparar comida, hacer el aseo, lavar ropa, remendar, planchar, ayudar en las tareas escolares, etc.

Hay muchos varones que son la excepción a la regla y colaboran. Han entendido que ser padre también implica ayudar y acompañar. Que las mujeres no deben llevar solas la carga. Siguen el principio simple de “el que ensucia limpia”, y no esperan un pedido o una súplica, simplemente cuando hay que limpiar limpia, cuando hay que cuidar cuida, cuando hay que cocinar cocina, cuando hay que lavar lava, cuando es preciso arreglar algo sólo lo arregla, y así sucesivamente. No es un niño al que hay que atender y cuidar como si fuera un infante.


La mayoría, simplemente dan por hecho que sus mujeres tienen que limpiar, lavar, planchar, cocinar, asear y ellos, sólo serán espectadores de la doble jornada de las mujeres.

Mery Alin, Mery, Katy
Femicicio y violencia

Una de cada tres mujeres es o será maltratada por varones de su entorno, llámese padres, hermanos, tíos, suegros o esposos.

En EE.UU., un país que suele dar cátedras de ética al mundo, cada 12 segundos una mujer es maltratada.

Según un dato que arroja Wikipedia en el artículo “femicidio”: “Las mujeres entre los 15 y los 44 años tienen una mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados”. Las estadísticas suelen ser frías y sin nombre, no sangran ni lloran, pero sólo pensar en este dato es como para llorar.

Muchos varones dan por sentado que pegarle o maltratar a una mujer es simplemente un derecho, algo en lo cual nadie debería meterse. Sin embargo, eso obedece a una cultura de la violencia selectiva contra la mujer que no admite un análisis serio.

Pégale a la pared

Hace unos días escuché la canción del cantante mexicano Reily:

Tengo madre, tengo hermana, tengo primas, tengo tías, tuve nana
Tengo amigas, vecinas y una novia que me ama,
Tuve una esposa y dos abuelas
Mi sobrina Carolina es la princesa,
de este cuento que nunca se va a terminar

Las mujeres son el alma de la vida,
la caricia más perfecta, son el aire
Las mujeres son la luz de medio día,
la razón de que este mundo no se acabe

Y aunque a veces nos aturden todo el día,
son valientes y no merecen un cobarde
Soy un hombre y me duelen sus heridas,
nunca olvido aquel consejo de mi padre
Pégale a la pared, pégale a la pared,
pero nunca a una mujer, nunca, nunca a una mujer

Tienes madre y lo que sigue,
no lo repito por que sonaría igualito
No soy un santo ni quiero cantarte un sermón,

Solo te pido tu respeto
Somos hombres y ellas no son un objeto,
que te cuesta llorar y pedirles perdón
O me vas a decir que te falta valor,

las mujeres son el alma de la vida
La caricia más perfecta son el aire,
las mujeres son la luz de medio día

La razón de que este mundo no se acabe,
y aunque a veces nos aturden todo el día
Son valientes y no merecen un cobarde,
soy un hombre y me dueles sus heridas
Nunca olvido aquel consejo de mi padre,

pégale a la pared, pégale a la pared
Pero nunca a una mujer, nunca,
nunca a una mujer,
Pégale a la pared

Deberían poner en cada puerta, en cada refrigerador, en cada pared que un varón mira: “Pégale a la pared”, “patea piedras”, “grítale al viento”, pero no a una mujer, ni a nadie, porque la violencia es la renuncia a la humanidad, la constatación de que somos seres que necesitamos vivir en paz para existir con sentido.

Los días simbólicos que no sirven

El día internacional de la mujer se celebra desde el año 1911, es decir, más de 100 años, recordando una vez al año que nacemos de mujer, que hemos sido alimentados por pechos de mujer, que son ellas las que nos han dado los primeros pasos y los alientos que nos continúan manteniendo hasta el día de hoy, sin embargo, esos días simbólicos sólo sirven para los discursos de los políticos que son especialistas en decir y no hacer, en adular sin actuar, en hablar sin importarles nada más que sus propios bolsillos (estoy generalizando, pero me cuesta encontrar las excepciones).

No creo en estos símbolos vacuos. Creería más cuando empecemos a crear escuelas sin diferencias de género, leyes que efectivamente conserven la paridad entre los géneros, iglesias y discursos de religiosos que no sigan discriminando basándose erradamente en la religión, hogares donde prime la relación de colaboración y no el servilismo, etc.

Es preciso educar. A varones y mujeres para que entiendan la necesidad de vivir sin los constantes guiños a la discriminación.

Estadísticas de terror

Una muestra de que no sucede mucho con estos esfuerzos y discursos que duran un día es que:

·         Cada 18 segundos una mujer es maltratada en algún lugar del mundo, según el último informe de las Naciones Unidas.
·         Una de cada cinco mujeres en el mundo es víctima de maltrato al interior de sus hogares según datos de la Organización Mundial de la Salud.
·         En ningún país del mundo la mujer tiene el mismo estatus ni oportunidades que los varones, por muchos que nos jactemos que somos civilizados.
·         La principal causa de muerte en las mujeres de 14 a 44 años en el mundo, es la violencia doméstica.
·         Según un informe de la UNIFEM: “Al menos una de cada tres mujeres en todo el mundo ha sido golpeada, coaccionada sexualmente o ha sufrido otro tipo de abuso en su vida (siendo el culpable de los abusos generalmente un conocido)”.
·         El Banco Mundial establece que la violencia contra la mujer es la “causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad de procrear tan seria como el cáncer y una causa de mala salud más frecuente que los accidentes de tráfico y la malaria juntos”.
·         Sólo 45 países en el mundo tienen una legislación específica sobre violencia doméstica que pretende proteger, al menos en el papel, a la mujer.
·         La mayoría de las mujeres sufren de desigualdad laboral, a mismos trabajos con los varones, reciben entre un 30 y 45% menos de salario que los varones en labores similares.

Religiosos y la mujer

Paradojalmente, uno de los referentes más discriminatorios en relación a la mujer son las religiones. No sólo el mundo musulmán, sino también el ámbito cristiano.

La mayoría de las congregaciones religiosas cristianas no aceptan entre sus líderes a mujeres. En casi todos los grupos religiosos cristianos los que dirigen las directrices morales, éticas y religiosas son varones. En casi todos los seminarios teológicos cristianos a nivel mundial, son los varones mayoritariamente los que enseñan y los que aprenden.

Siendo que los cristianos son seguidores de Jesús, quien con su actitud y conducta revolucionó la forma de tratar a la mujer de su tiempo, y estableció un modelo para todas las culturas y todos los tiempos, aún hay mucha tarea que realizar para enseñar a los varones a no torcer las Escrituras para dar mensajes discriminatorios. Aún hay líderes religiosos que esperan que las mujeres se mantengan en silencio, sean sumisas, acepten el maltrato y la discriminación como directriz divina, y que no enseñen. Se las trata con paternalismo, asistencialismo y creyendo que son más débiles por lo tanto hay que “protegerlas”, “cuidarlas” y “guiarlas”, todos conceptos sexistas que nada tienen que ver con una religión sana y con un Dios que “no hace acepción de personas”.

Conclusión

No me gusta el Día internacional de la mujer, porque sólo sirve para recordar la discriminación. Alguien podrá decir: “Algo es algo”.

Sin embargo, no me conformo, quisiera más. Una educación no sexista. Iglesias paritarias. Sociedades de respeto. Empresas con igualdad en base a mérito y no sexo, etc.

Es probable que sea soñador. Pero, no puedo evitarlo. No quiero dejar de creer en las utopías. Tal vez algún día mi hija será tratada exclusivamente por ser persona, y no porque es mujer. Nadie mirará a mi esposa como alguien que debe depender. Ni nadie tratará a mi madre como una anciana que como mujer no tiene mucho que aportar. ¿Será mucho pedir una iglesia, una escuela, una universidad, una sociedad, sin diferencias de género?

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

lunes, 28 de junio de 2010

Nacido de mujer

Todo ser humano nace de mujer. La primera persona en darnos un abrazo, una palabra, un gesto de ternura, una sonrisa llena de cariño, es una mujer. ¿Por qué entonces la actitud que asumen quienes no son mujeres hacia quienes les han prodigado tanto amor y cariño? Es una locura, para no creerlo. Si la tierra se congelara en este instante y luego de siglos alguien la descubriera y luego estudiara sus restos... una de las cosas que más sorprendería es la actitud de desdén que los seres humanos tienen hacia las personas a quienes deberían procurar más cariño.

El otro día me sorprendía al escuchar a un niño de nueve años hablar de manera tan desdeñosa en relación a la mujer en general que no pude evitar preguntarle:

—¿Por qué tratas así a las mujeres? ¿No te das cuenta que tu madre también es mujer?


El niño no me respondió, pero me quedó mirando como si estuviera hablando en un idioma extraño, y simplemente se quedó callado. Con su silencio comprendí que hay actitudes que no tienen explicación, simplemente son así, irracionales, caprichosas, absurdas y necias. Son conductas que no tienen nada que ver con la racionalidad de una relación humana basada en el respeto, la consideración y la mutualidad.

Un cristiano debería caracterizarse por mostrar una visión diferente de la realidad. Quien se dice seguidor del Maestro de Galilea debería entender que él dejó una pauta de conducta, el contexto cultural no debe indicar lo que es correcto o no.

Cuando todos maltrataban a las mujeres menstruantes, él alabó a una diciendo que nadie tenía más fe que ella. Cuando se consideraba que la mujer sólo podía ser salva a través de un varón, él llamó a una de esas despreciadas del pueblo “hija de Abraham”, integrándola con plenos derechos al seno del pueblo elegido. Jesús fue el modelo, no la tradición sexista que nos asfixia.

miércoles, 28 de abril de 2010

Sermones androcéntricos e identidad de la mujer

Los sermones constituyen el centro neurálgico de toda iglesia. Son la fuente principal de alimento espiritual de la congregación.

La iglesia la componen varones y mujeres. Sin embargo, la mayor parte de los púlpitos y durante casi todas las reuniones son ocupados por varones. En más de una oportunidad alguna dama de la iglesia predica, pero, aparece como algo excepcional y como una concesión del monopolio y siempre entregado de manera condescendiente para que las mujeres no se sientan incómodas. No es práctica habitual.



Es una regla de la naturaleza que los varones vemos el mundo desde la perspectiva de un varón y del mismo modo las mujeres. Sin embargo, aunque la mayoría de las congregaciones están compuestas en una proporción más alta por mujeres, éstas deben aceptar que las predicaciones las den varones. Eso produce, sin intención y sin una planificación ex-profeso una tendencia al androcentrismo.

Androcentrismo 

El androcentrismo es una expresión que significa “el varón como centro”.

Los varones tienden a escoger como temática de sermones aquello que como varones más le impresiona. Eso no tiene nada de malo ni de sorprendente. Es natural. Sin embargo, la mayoría de las temáticas tienen como eje central la experiencia de varones de la Biblia.

La tendencia es a exaltar a los “héroes” de la Biblia. Y es lógico, los varones tienden a identificarse con otros varones.

Incluso algunas secciones de la Biblia son tratadas como si en ellas se hablase exclusivamente de varones. Por ejemplo se suele hablar de Hebreos 11 como “la galería de los héroes de la fe”, olvidando que en dicho capítulo también son presentadas mujeres, y que en general no aparecen como heroínas. Se menciona a Sara, Rahab y algunas anónimas como las “que recobraron con vida a sus muertos”. Son parte activa e importante de aquellos que se mantuvieron fieles a Dios sin importar las circunstancias. Y es interesante que de todos los personajes de la Biblia Pablo elija –al correr de la pluma- a Sara y Rahab, dos contrastes extraordinarios.

Cuando alguien se deja llevar por el androcentrismo entonces, el varón aparece como el centro de la acción. Varones son los que son fieles y varones los que ejecutan la voluntad de Dios a través de la historia. Esto es un énfasis peligroso para la salud de la iglesia y para la identidad de las mujeres.

La forma de presentar a la mujer 

La mayoría de las veces que se utilizan historias bíblicas de mujeres es para exaltar virtudes, supuestamente femeninas: modestia (Ruth), ternura (Jocabed), cuidado de los niños (las madres que traen sus hijos a Jesús), obediencia a sus esposos, aunque eso no dice el texto (Sara), sacrificio personal (Ester), abnegación (Dorcas), cuidado de su casa, aunque harían bien en leer los machistas este texto porque habla de otra cosa (mujer virtuosa de Pr 31), la formación espiritual de los hijos (madre y abuela de Timoteo), buena suegra (Noemí). O para destacar actitudes reprobables la malignidad de Jezabel; la maledicencia de Miriam; la presunción de Eva; o la infidelidad de Gomer la esposa de Oseas.

El mensaje que se trasmite directa e indirectamente a la congregación es que los varones suelen destacar en su peregrinaje espiritual por sobre las mujeres. De los varones se dice que tuvieron luchas espirituales y salieron victoriosos. De ellos se predica la valentía para enfrentar las más difíciles situaciones en pro de la causa de Dios. Las mujeres normalmente aparecen como personajes secundarios detrás de los varones o como “personajes de segunda fila” por usar un término de un historiador argentino.[1]

Este mensaje repetido vez tras vez y todas las semanas por varones bien intencionados, pero, parcializados por su propia visión masculina de la realidad va produciendo un discurso que termina lesionando la imagen que la mujer cristiana desarrolla de sí misma, y lo más lamentable, es que termina presentando un mensaje distorsionado de lo que la Biblia realmente presenta.

¿Es androcéntrico el mensaje bíblico?

La perspectiva bíblica es extraña. Aunque la mayoría de los escritores bíblicos son varones (hay secciones escritas por mujeres, pero son las menos), debería imperar la perspectiva masculina. Sin embargo, no hay tal porque no se presenta dicho planteo en ninguna parte de las Sagradas Escrituras. Aquello obedece simplemente a una situación cultural donde el varón tenía la preeminencia y la mujer no era escuchada ni tratada como una igual. Derivar de allí conclusiones de exclusión desde Dios es no entender el mensaje bíblico.

Lo que llama la atención es que aún cuando la Biblia fue escrita por varones, no contiene las expresiones de desacreditación y disminución tan comunes al lenguaje extra bíblico del tiempo de los escritores de la Biblia. No hay en la Biblia la tendencia que si se observa en los escritos contemporáneos a los que escribieron el texto sagrado. Eso ya enuncia un elemento distinto. Señal de que aún cuando se deslizan ciertos énfasis propios de la masculinidad, el que inspira guía para que aquello no sirva para cargar las tintas en desmedro de la mujer.

Por otro lado, aún cuando no es la práctica habitual de los predicadores, cuando las mujeres son presentadas en la Biblia en general se las presenta en igualdad de condiciones con los varones. Lo cual es un elemento totalmente contrastante y diferencia a las Escrituras de todos los escritos de su tiempo. Esto último podrá parecer extraño a quienes no están acostumbrados a observar este fenómeno por estar acostumbrados a un discurso androcentrista.

Por otro lado, en la Biblia no se encuentra en ninguna parte el mensaje tan común a los escritores extra bíblicos de presentar a la mujer asociada normalmente al mal y a el manejo de lo oculto. Cuando la Biblia presenta el desarrollo del mal no hace discriminación de un sexo sobre otro. Hay brujas y brujos, hechiceros y hechiceras, malvados y malvadas. El mal no es privativo de un sexo en la Biblia.

Finalmente, la Biblia presenta a muchas mujeres ocupando responsabilidades con las que habitualmente se asocia al varón. Lo cual es extraño en un mundo donde las mujeres no tenían derechos personales ni estaban ligadas a ninguna forma de acreditación personal. Se habla de profetizas, juezas, mujeres que guían batallas, reinas, maestras, apóstolas, discípulas, etc.

Hacia un mensaje equilibrado

Va siendo hora de que cambiemos nuestro discurso. No se soluciona el problema de los énfasis haciendo predicar a mujeres, necesariamente. Puesto que muchas damas están tan marcadas con el discurso discriminador que probablemente repetirán el discurso masculino sin darse cuenta de que lo es. El problema se soluciona yendo a la Biblia y permitiendo que nos hable sin cargar a la Palabra con preconceptos o prejuicios.

Desde hace mucho tiempo ha habido una discusión muy grande en relación a lo que es netamente varonil y lo que es propio de la mujer. Se supone que los varones tienen características que lo hacen opuestos totalmente a las mujeres. Sin embargo, cada vez hay más estudios que desacreditan aquellas características que supuestamente son privativas de los sexos. Cada vez hay más investigaciones que prueban que lo que hay en el fondo es formaciones distintas y formas de educar que condicionan a los varones a ser de un modo y a las mujeres de otro.

Sostener que la ternura, la bondad, el servicio, la preocupación por los otros, la laboriosidad, la delicadeza, son características propias de la mujer es no sólo absurdo sino que condena a los varones a un estereotipo que termina finalmente dañando a todos. Es cierto que hay mujeres capaces de ser tiernas, pero un varón no debería ser menos. Asociar lo varonil con la rudeza y lo mujeril con delicadeza es estereotipar la conducta humana. Conozco mujeres tan rudas que harían empequeñecer al varón más duro y del mismo modo, he conocido varones capaces de mostrar rasgos de ternura y delicadeza en el trato con enfermos, niños y necesitados que en nada tienen que envidiar a la mujer. Leer la Biblia con los lentes del estereotipo es simplemente no entender el mensaje que la Biblia presenta.

Héroes y heroínas

La próxima vez que queramos predicar no busquemos a un varón que destaque sino a una persona que haya mostrado, independiente de su sexo, una fidelidad a Dios a toda prueba. Si observamos la Biblia desde esa perspectiva veremos que cuando se trata de la relación con Dios no hay superiores ni inferiores, hay personas, que independiente de su sexualidad, actuaron siendo obedientes a su conciencia y de ese modo lograron llegar a alturas insospechadas de relación con Dios.

Algunos ejemplos aleccionadores:

Rahab. Sería bueno que cambiáramos nuestro discurso. ¿Cuándo fue que escuchó un sermón sobre esta mujer? En particular nunca lo escuché salvo de mis propios labios. Cuando hablamos de ella solemos decir al paso y como fijación mental, “la prostituta de Jericó”. Lo cual constituye un exabrupto exegético y un énfasis que desconoce el sentido bíblico. ¿Cuándo escuchó que desde el púlpito se refirieran a ella como la abuela de David, la heroína de Hebreos 11, la mujer que pasó de ser una despreciada a esposa de un príncipe de Israel? O, la bisabuela de Jesucristo. Es un muy buen ejemplo para mostrar el poder transformador de la justicia de Dios.

Ruth. Solemos referirnos a esta mujer como una muestra de lo que puede hacer el poder de Dios y la obediencia. ¿Cuándo escuchamos del sacrificio de Ruth? Alguna vez le dijeron que su entrega a Noemí y a los ideales que ella representaba significó abandonar su pueblo, su cultura, y todo lo que conocía. Que haber ido en busca de Booz significó todo un acto de valentía y coraje en un mundo donde ella era doblemente despreciada –por ser mujer y por ser Edomita (hija de un pueblo maldito). Su actitud es digna de encomio e imitable no sólo por las mujeres.

Miriam. La mayoría de las veces que he escuchado a un predicador hablar de esta mujer fue en términos de exponer las consecuencias de hablar mal de alguien (como si esto fuera privativo sólo de las mujeres), al hacerlo nos olvidamos que también Aarón hizo lo mismo. Sin embargo, solemos olvidar que ella fue una profetiza respetada por el pueblo. Que cuando Dios hablaba normalmente estaban los tres hermanos presentes. Tal era el respeto que el pueblo sentía por ella que cuando recibió el castigo de la lepra el pueblo no quiso avanzar hasta que ella se reunió de nuevo a la congregación.

Priscila. Solemos hablar de “Aquila y Priscila”. Pero, no es así como los presenta la Biblia. De las cinco veces que aparecen en el relato bíblico tres veces son presentados como “Priscila y Aquila”. Esto que parecería sólo un elemento tangencial no lo es. Muestra, según la costumbre griega de escribir, que el líder es Priscila, por esa razón es mencionada en primer lugar. Ella es la que enseñaba y la que tenía una mayor madurez espiritual. No hay ninguna reprensión por eso ni siquiera una salvedad de excepción, es admitido como perfectamente válido. Señal de que el liderazgo espiritual no es privativo de varones.

María magdalena. El discurso común sobre ella es que fue adúltera y lloró. Sí lo fue, sin duda, pero, no menos que muchos varones de su tiempo. ¿Cuándo fue que escuchamos que esta mujer fue la primera persona en entender el carácter mesiánico de Jesús? Que a diferencia de todos los varones que acompañaban a Jesús fue la primera en entender plenamente que Jesús iba a morir y dar su vida como sacrificio por esa razón lo ungió en vida como testimonio de su comprensión. Que recibió –contraviniendo toda la costumbre que privaba a la mujer de dar testimonio- la orden de Jesús de ir y dar a conocer las buenas nuevas de la resurrección. Y qué recibió el elogio indirecto de Jesús cuando reprendió a quienes no le creyeron (sólo porque era mujer).

Débora. Es uno de los personajes bíblicos olvidados. Nunca he escuchado un sermón sobre ella. Pero es una jueza que gobernaba en Israel y no por imposición de familia o sucesión sino por mérito propio. Debe haber sido extraordinaria para que en su tiempo y rompiendo todas las ataduras de la cultura Barac fuera a suplicarle que le acompañara a la guerra. Entendía que el poder de Dios estaba con ella y no con él. Señal que Dios no discrimina a la hora de utilizar a las personas.

Ester. Las dos veces en toda mi vida que he escuchado un sermón sobre ella ha sido para exaltar la sagacidad e inteligencia de Mardoqueo que supo guiar a Ester. Sólo decirlo así supone ya una distorsión de la realidad. Lo verídico es que Ester se auto sacrificó de tal modo que hoy una persona haciendo algo similar sería inmortalizado como un héroe extraordinario. Se escribirían canciones y se harían poemas por su gesta heroica. El sacrificio contempló estar dispuesta a casarse con un hombre perverso y arriesgar su vida por lo que es justo. Mardoqueo sin la valentía y coraje de Ester no habría hecho nada.

María y las mujeres al pie de la cruz. Las únicas veces que he escuchado sobre este incidente ha sido para destacar el gesto de Jesús de ocuparse de su madre en el último momento. Sin embargo, ¿cuándo cayó en la cuenta que aquellas mujeres estaban al pie de la cruz mientras que los varones que habían prometido dar su vida por él estaban escondidos temerosos por su vida? ¿Cuándo le contaron que aquellas mujeres arriesgaron su vida para ir a estar delante del maestro y declararse abiertamente sus seguidoras? Una cosa es decir estuve con él cuando se está escondido temeroso y con la puerta trancada como los varones que seguían a Jesús y otra muy distinta, decir yo estuve con él y decirlo a los pies de la cruz.

Conclusión

Es hora de que cambiemos nuestro discurso. Ya va siendo hora de que entendamos que Dios no discrimina por sexo. Hacerlo sería monstruoso de parte de Dios e introduciría un sesgo de injusticia donde hablar de amor redentor sería un chiste.

Los púlpitos deben reflejar la verdad bíblica no los énfasis culturales. Debe decirse desde el púlpito que en Jesús no hay más separación de razas, clases ni sexos. En Jesús varones y mujeres recuperan los mismos derechos. Eso debe estar incorporado al mensaje oral de los sermones, de otro modo, de nada sirve que esté escrito. Es hora de traer justicia al púlpito. Es hora de que los que son la iglesia entiendan que no hay cristianos de primera ni segunda categoría. Es hora de dejar el androcentrismo de los sermones y recuperar el discurso de Jesús que nunca discriminó a nadie por ninguna razón.

Referencia


[1] Felix Luna, Segunda fila: Personajes olvidados (Buenos Aires: Planeta, 1999).

lunes, 5 de abril de 2010

La actitud de Jesús hacia la mujer












Su estadía en la tierra fue tan sólo de 33 años y medio. Su ministerio fue aun más breve: 3 años y medio. Sin embargo, ninguna vida y enseñanza han impactado la historia de una forma tan extraordinaria como la de Jesús. Lo que él enseñó y lo que hizo, alteraron el curso de la historia. Produjo tremendos cambios y continúa transformando la vida de millones de personas alrededor del mundo. Sus enseñanzas han afectado cada aspecto de la vida, religión, educación, trabajo, ética, salud, justicia social, desarrollo económico y cada arte y ciencia de la vida humana.
Una faceta de la misión de Jesús menos conocida pero digna de una revisión, es su actitud hacia la mujer. Esto es particularmente importante a la luz de las prácticas y costumbres de la época, en relación a las mujeres. Romanos y griegos, judíos y gentiles, la ubicaban en una posición de segundo rango. Herramientas útiles en una sociedad dominada por el hombre: cocinar los alimentos, cuidar y criar niños y desempeñar un rol limitado al interior de las paredes de sus casas. Casos individuales de liderazgo y valentía ocurrieron de vez en cuando, tal como ahora, pero lo que más imperaba era estar bajo el dominio del varón. Ellas eran consideradas propiedad que era transferida desde el padre al esposo.
En un mundo como ese, Jesús vino y abrió nuevas perspectivas de igualdad y dignidad. Se opuso a las tradiciones humanas y guió a varones y mujeres de regreso al plan original de Dios para la humanidad. Este artículo revisará brevemente la actitud de Jesús hacia la mujer en su enseñanza y ministerio, en contraste con el estatus de la mujer judía del primer siglo.
Estatus de la mujer en la sociedad judía
Las sinagogas del primer siglo llevaban registros sólo de varones. Los niños y varones podían entrar a la sinagoga para adorar, pero, había una reja que separaba el lugar destinado para niñas y mujeres. La mujer no era tenida en cuenta en el quórum necesario para comenzar la adoración.
Salvación. La tradición mantenía que la mujer no tenía derecho a la salvación por sus propios méritos. Sólo había esperanza para ellas por la asociación con un judío piadoso. Las prostitutas eran desechadas por no tener el amparo de un varón y las viudas tenían que haber estado casadas con un judío virtuoso para gozar de este privilegio.
Trato en público. Estaba prohibido que un varón hablase a una mujer en público. Un rabino ignoraría a una mujer aún si ella pacientemente persistiera por algún consejo espiritual urgente.
Condena por el pecado. En una procesión funeraria, las mujeres marchaban delante del féretro. Se suponía que eran causantes del pecado, por lo tanto, iban adelante asumiendo la culpa. Los varones no sintiéndose culpables de la muerte caminaban detrás del cuerpo.
Impureza. Las mujeres eran consideradas ceremonial y socialmente impuras durante su período menstrual. Durante ese tiempo, ellas eran aisladas. Aún los miembros de la familia tenían prohibido acercársele para no quedar contaminados.
Tener hijos, una clave para ser valorada. El valor de una mujer a los ojos de la sociedad estaba ligado a su capacidad de tener hijos. La esterilidad era un estigma social. El deber de la mujer era engendrar hijos varones que perdurasen el nombre del padre.
Divorcio. La iniciativa para proceder con un divorcio era privilegio del varón, el cual podía ejercerlo basado en consideraciones que en el presente podrían parecer frívolas e irrisorias.
Estatus legal. La palabra de una mujer, en una corte, debía ser refrendada por al menos tres varones; de otro modo no tenía validez.
Educación. La mujer no podía asistir a la sinagoga para estudiar; eso era considerado una pérdida de tiempo.
Religión. En el templo, no podía estar cerca del lugar santísimo. En tiempos de Jesús, había un patio especial para las mujeres, localizado después del patio de los sacerdotes y los varones; estaba quince escalones más abajo, indicando el estatus subordinado de la mujer.1
Una actitud revolucionaria
Jesucristo no hizo una declaración explícita en contra del sistema que sometía a la mujer en un estatus subordinado. Sin embargo, fue elocuente con su vida. “En ninguno de sus hechos, ni de sus sermones, ni en sus parábolas encontramos nada denigratorio sobre las mujeres, algo que se podía encontrar fácilmente en sus contemporáneos”.2 Consideremos algunos ejemplos que muestran el trato de Jesús hacia la mujer.
Jesús invitó a mujeres a ser sus discípulas. Contrario a las expectativas de sus contemporáneos, Jesús aceptó mujeres en su círculo de discípulos (Lucas 8:1-3). Esta actitud contradice las estipulaciones rabínicas. Las mujeres que le siguen invalidan los presupuestos de su época. Ellas llegan a manejar sus propios recursos y sostienen la misión de Cristo en momentos críticos (Lucas 8:13). “El que las mujeres estuvieran eximidas del deber de aprender la Tora, y que les estuviera prohibido asociarse con un rabino, era una cosa. Pero el hecho de viajar con un rabino y asumir la responsabilidad y el control de los fondos era otra cosa muy distinta”.3Simplemente una revolución.
Jesús aceptó la hospitalidad de mujeres y les enseñó. Es famoso el ejemplo de la asociación de Jesús con María, Marta y Lázaro. El Maestro encontró descanso y camaradería en su hogar (Lucas 10: 38-42). Mientras que un rabino judío podría no mirar a una mujer, Jesús no vaciló en hablarles a Marta y María en público o enseñarles las grandes verdades acerca de la muerte y resurrección (ver Juan 11).
Para Jesús, mujeres y varones eran igualmente importantes para llegar a aprender acerca de las buenas nuevas de su reino. Para un tiempo en que se decía: “Es mejor quemar las palabras de la Tora que encomendarlas al cuidado de una mujer”,4 Jesús indicó que entre las elecciones abiertas para la mujer, María había “elegido la mejor parte” la cual no le sería quitada (Lucas 10:42), de ese modo indicó que la educación no debía ser un monopolio de varones y que las mujeres estaban preparadas para tener las mismas oportunidades educacionales.
Otro ejemplo de la actitud diferente de Jesús hacia la mujer fue la revelación de su mesianismo a una mujer. En la conversación más larga que registran los evangelios, Jesús le revela a la mujer samaritana (Juan 4:4-42) algunas de las doctrinas más profundas del reino: La naturaleza del pecado, el significado de la adoración verdadera, la universalidad del perdón para los arrepentidos, la igualdad de todos los seres humanos sean judíos o samaritanos. En una simple conversación con la mujer samaritana, junto al pozo, Jesús destruyó dos prejuicios: el género y la raza.
Jesús reconoció que en la visión de Dios la familia de Abraham incluye hijos e hijas. Sanando a una mujer inválida por dieciocho años, Jesús la llamó, puso sus manos en ella y la definió suavemente como “hija de Abraham” (Lucas 13:16). Usando esta designación, Jesús señalaba en público que una mujer tenía los mismos derechos inherentes prometidos a Abraham, y en la perspectiva de Dios esto era independiente de ser varón o mujer.
En ninguna parte de la Biblia se expresa que el varón tenga una ventaja sobre la mujer en términos de acceso a la salvación. En oposición a dicho planteo la tradición rabínica enseñaba que una mujer podría ser salva sólo en asociación con un judío piadoso; Jesús invitó tanto a varones como a mujeres a volverse a Dios y aceptar el don de la salvación.
En otro caso, la defensa y perdón de Cristo a una mujer sorprendida en adulterio revela que su definición de pecado y la provisión de salvación es igual para todos, independiente del género. Cuando algunos líderes religiosos le traen a una mujer sorprendida en adulterio, Cristo la defiende. El sabía que los líderes judíos estaban haciendo la acusación contra la mujer transgrediendo la ley de Moisés. La ley levítica estipulaba que tanto el varón como la mujer debían ser juzgados en estos casos (Levíticos 20:10), pero los críticos de Jesús trajeron sólo a la mujer y no al varón involucrado en el acto. Además, la ley requería que hubiese al menos dos testigos (Deuteronomio 19:15), pero los fariseos no traen a nadie. Cristo responde no solo dándole a la acusada el beneficio de la ley, sino también mostrando que el evangelio del perdón está abierto para todos, basado en el arrepentimiento. En este contexto señala que “el que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra” (Juan 8:7). En otras palabras, Jesús les dice a los varones: si tienen valor para acusarla, entonces, mírense primero a ustedes mismos en el espejo.
Jesús acepta que una mujer pecadora lo unja. Cuando Jesús estaba de invitado en la casa de Simón en Betania, una mujer conocida en el pueblo por su pobre reputación se acerca apresuradamente y unge los pies de Jesús. Los reunidos en el banquete, incluyendo a sus discípulos, condenaron el incidente. ¿Como podía una mujer pecadora tocar los pies del Mesías, decían ellos, y secar sus pies con sus cabellos? ¡Una ofensa absoluta a las tradiciones religiosas! Los que estaban a su alrededor no comprendían, y menos aún aceptaban, el acto de la mujer y la actitud de Jesús al permitirle esa acción. Pero Jesús dijo que la mujer al ungirlo había hecho algo hermoso, mostrando a las generaciones que vendrían, que todos los pecadores podían estar seguros de la salvación al ir al Salvador y dejar sus vidas a sus pies (Marcos 14:1-9; Lucas 7:36-50).
Jesús usó tanto a varones como a mujeres para simbolizar los actos salvíficos de Dios. En Lucas 15 usa tres parábolas para ilustrar la profundidad y eterna verdad de Dios buscando a la humanidad perdida. Mientras que las parábolas de la oveja perdida y del hijo pródigo ilustran la búsqueda de Dios mediante las figuras masculinas del pastor y del padre, la parábola de la moneda perdida muestra a Dios a través de la cuidadosa y persistente misión de una mujer que no descansa hasta que encuentra la moneda y se regocija con sus amigas (Lucas 15:8-10). Para los oídos legalistas de aquel tiempo esto debe haber sonado herético.
Jesús eleva a las mujeres como las primeras testigos del evento más grande de la historia humana: su resurrección. La tradición rabínica consideraba a las mujeres mentirosas por naturaleza; desprendían esta conclusión a partir de la reacción de Sara frente al anuncio que tendría un hijo (Génesis 18:15). El razonamiento era: ella mentía porque Dios siempre dice la verdad, por lo tanto en ella todas las mujeres descendientes eran mentirosas.5 Ninguna mujer podía dar testimonio. Pero, Jesús rechaza esta perversa tradición y elige a mujeres como sus primeras testigos (Mateo 28:9-10) “haciéndolas no sólo las primeras receptoras del mensaje más importante del cristianismo, sino también las primeras predicadoras del mismo”.6 Jesús reprende a los discípulos que no creyeron el testimonio de las mujeres (Marcos 16:11, 14), y entonces los desafía a rechazar los prejuicios del pasado y caminar en la luz de su Reino, el cual no discrimina entre varón o mujer.
Conclusión
En el relato bíblico de Cristo las mujeres “no se muestran nunca discriminadas”.7 No hay nada que apoye la perspectiva cultural y religiosa de su tiempo que mostraba a la mujer como inferior. Por el contrario “las actitudes y el mensaje de Jesús significaron una ruptura con la situación imperante”.8
Jesús “no se relacionó con las mujeres de acuerdo con las normas del sistema patriarcal propio de su tiempo, ni participó de un sistema que era, por definición, represivo para la mujer”.9 Abiertamente pero sin ostentación Jesús acabó con una tradición que negaba dignidad a la mujer. A través de su ejemplo y enseñanza, Jesús reclamó para su reino las bendiciones de su creación original, la igualdad de los dos géneros en la perspectiva de Dios.

   Referencias






1. Joachim Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús: Estudio económico y social del mundo del Nuevo Testamento (Madrid: Cristiandad, 1977), 97.
2. Marga Muñiz, Femenino plural: Las mujeres en la exégesis bíblica (Barcelona: Clie, 2000), 183.
3. Alción Westphal Wilson, “Los discípulos olvidados: La habilitación del amor vs. el amor al poder”, en Bienvenida a la mesa (Langley Park, MA.: TEAM Press, 1998), 185.
4. Ibid., 180.
5. Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús, 386.
6. Muñiz, Femenino plural, 187.
7. Leonardo Boff, El rostro materno de Dios: Ensayo interdisciplinar sobre lo femenino y sus formas religiosas (Madrid: Paulinas, 1988), 83.
8. Ibid., 84.
9. Muñiz, Femenino plural, 187.