viernes, 7 de mayo de 2010

Religión, intolerancia y prejuicio


Fanáticos musulmanes
Hay elementos que aislados son inofensivos, o, no producen mucho daño. Sin embargo, unidos a otros son verdaderamente explosivos.

La pólvora –por ejemplo– está compuesta en un 75% de nitrato potásico, un 15% de carbón y un 10% de azufre aproximadamente. El nitrato de potasio o más conocido como salitre tiene importancia comercial como fertilizante y conservante alimenticio, para fabricar vidrio, y en algunas medicinas como diurético. Es en general, un agente altamente beneficioso especialmente en la agricultura. Para qué decir del carbón que muchos lo conocen como un combustible sólido de origen vegetal útil en muchas industrias. El azufre es un elemento no metálico, insípido, inodoro, de color amarillo pálido. Su utilización es variada desde la fabricación de substancias medicinales (sulfamidas) y hasta fósforo, caucho y tintes.



Cada uno de esos elementos resultan útiles e inofensivos en ciertos aspectos. Bien controlados funcionan de una manera adecuada. Sin embargo, cuando se los combina en las proporciones adecuadas se convierten en un peligroso explosivo cuya utilización tiene consecuencias nefastas.

Del mismo modo, religión, intolerancia y prejuicio suelen ser elementos inofensivos en algunos casos o al menos controlables, sin embargo, cuando se mezclan sus consecuencias son explosivas y sus resultados desastrosos.

Religión

Por definición la religión pretende volver a recuperar un estado idílico de paz. Es –como decía Cicerón– el volver a unir al ser humano con la divinidad.

La mayoría de las religiones mundiales –Budismo, Confucionismo, Taoismo, Sintoismo, Hinduismo, Cristianismo e Islamismo– tienen un componente básico de búsqueda de la paz y la armonía del ser humano con su mundo interior y sus semejantes.

Es verdad que a lo largo de la historia humana muchas veces la religión ha sido confundida y fundida con la violencia y la opresión. Basta de ejemplo lo que sucedió en nuestra América con la llegada de los pueblos conquistadores antes de que surgieran las naciones tal como las conocemos hoy. Sin embargo, dichas situaciones han de ser atribuidas a la distorsión de la religión y no a los ideales de la misma.

Aún recuerdo la impresión que me dejó la visita que hice al Museo de la Inquisición en Lima, Perú. En realidad, es un cuadro vivo del horror. Lo más lamentable es que aquella atrocidad fue realizada en nombre del amor y de la religión cristiana.

Sí, muchas veces la religión ha servido para justificar el poder. De hecho, a lo largo de la historia ciertamente el mejor agente legitimador del poder ha sido la religión. No obstante, ese no ha sido el rol de la religión por definición y principio.

El Islamismo, el Judaísmo y el Cristianismo comparten la misma historia inicial común. Abraham es un personaje fundamental en la comprensión teológica de las tres religiones. Las tres religiones tienen como fin lograr que los seres humanos lleguen a lograr su máximo potencial como criaturas que por definición se logra en el contacto estrecho con la divinidad (llámese Ala, Jehová o Dios).

La religión no es para traer guerra, confrontación, dolor ni opresión. El fin es traer paz, felicidad y plenitud a la raza humana.

Intolerancia

Por su parte, la intolerancia se ha ido expandiendo por el mundo como una epidemia. A lo largo de la historia humana ha habido momentos de mayor o menor intolerancia. No obstante, lo paradojal de los días que nos toca vivir es que tenemos una apertura como nunca antes en un sin fin de temas, pero, en otros mantenemos un nivel de intolerancia que nos acerca a lo más oscuro de la Edad Media.

Persiste en muchas mentes la idea que la única forma de garantizar la paz a escala mundial es el control férreo de las decisiones más mínimas de las personas. Es en muchos aspectos como revivir las peores pesadillas de George Orwell reseñadas en su libro 1984 y llevadas al cine en la película Brazil. Un mundo donde exista una policía mundial y un control de los más mínimos aspectos del ser humano.

Nos hemos estremecido al leer las atrocidades que ha nombre de la religión han realizado unos millares de hombres musulmanes en Afganistán desde 1996. Hemos observado con horror como por las más mínimas transgresiones a las normas de la “religión” han masacrado, torturado o lacerado a miles de afganos. Los Talibanes –que en español se traduciría “estudiantes”– controlaron Afganistán con la excusa de implantar en el país un gobierno musulmán integrista que rescate la verdadera esencia del Islamismo.

Sin embargo, aunque solemos mirar con desdén a estas personas por la forma de tratar a otros por una supuesta búsqueda de pureza religiosa, la realidad es que en diversas partes del mundo se viven situaciones de intolerancia política, social y religiosa de índole similar, porque aunque cambien los escenarios y los actores, el fondo del libreto sigue siendo el mismo: Hacer a un lado a quien no piensa ni actúa del mismo modo que yo lo hago.

El tristemente célebre Ku Klux Klan creado en 1865 en los estados sureños de EE.UU. que cree en la superioridad blanca y arremete contra personas de la raza negra y de las religiones católicas y protestantes no se diferencia en el fondo de sus intenciones de grupos terroristas más radicales como el Sendero Luminoso en Perú, la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, o la ETA en España y de los millares de grupos radicales difundidos por todo el mundo.


Seguidores del Ku Klux Klan
La frontera que separa a la intolerancia del asesinato y la tortura es muy sutil. Lo extraño es que algunos son capaces de ser buenos padres de familia amorosos y cariñosos y por otro lado torturar, asesinar y maltratar a otros simplemente porque piensan distinto a ellos.

La intolerancia es la excusa de quienes no están dispuestos a analizar sus preceptos de vida ni desean convivir con personas que no piensen del mismo modo. Dios piensa de modo diferente a muchos seres humanos, pero, los tolera entendiendo que imponer es arbitrariedad y eso es en el fondo una injusticia. Dios persuade no disuade. Las palabras se parecen, pero los hechos son distintos totalmente.

Prejuicio

Cuando era niño recuerdo bien que ninguno quería ser indio. La razón era que en todas las películas de vaqueros que veíamos los indios eran los malos. Siempre hacían atrocidades. Aplaudíamos cuando llegaba la caballería con la bandera flameante para poner orden y matar a los indios que se atrevían a desafiarles.

Siendo adolescente recuerdo que de pronto los malos de la película eran los alemanes y los orientales. Cerca de mi casa vivían dos familias chinas. Una de ellas dueña de un almacen. Me gustaba ir porque usaban un ábaco para contar y siempre me llamaba la atención la agilidad con que lo movían. Sin embargo, los mirábamos con sospecha, eran chinos y ¿qué se podía esperar de ellos?

Más grande, ya universitario y viviendo en un país asolado por una dictadura de facto se me enseñó a sospechar de los rusos, cubanos y cualquiera que se llamara a sí mismo comunista. En realidad, todo aquel que fuera, pareciera o se rumorease que era de izquierda era visto con sospecha.


Jefes Sioux
Hoy en día, el espectro cambió. Los sospechosos de hoy son árabes. Todo lo que suene a musulmán es visto con un dejo de miedo.

Esos maniqueísmos nuestros que hacen que la gente sea vista con sospecha por su color de piel, el país de procedencia, las ideologías que sustenta, o el sexo que tenga en el fondo no nos permiten crecer como seres humanos y nos mantienen permanentemente unidos a un lastre que no nos permite alcanzar una mayor plenitud como humanos.





Conclusión

Nadie es malo o bueno por el color de piel, la raza, el país de procedencia y ni siquiera por los conceptos que ha adquirido. Las personas no deberían ser medidos por esos factores.

El equilibrio que enseñó Jesús fue tratar a las personas como personas, que no es otra cosa que reconocer en cada ser humano un ser creado a imagen de Dios y con propósitos eternos para sus vidas.

Los que sustentan una religión –sea occidental u oriental– le hacen un flaco favor a sus convicciones cuando dicen con sus acciones algo muy distinto a lo que sustentan sus fundadores. Si hoy reviviera Abraham ¿reconocería el Judaísmo?, si volviera Mahoma hasta las calles de Medina, ¿entendería en qué se han convertido sus seguidores? Si Cristo caminara hasta tu casa, ¿te reconocería como su seguidor?

Si a una religión distorsionada le agregamos una cuota de intolerancia y esta es sazonada con una gran dosis de prejuicios entonces tenemos lo que hoy vemos con horror: Muertes, terrorismo, sospecha, asesinatos, mutilaciones, desconfianza, crisis, desolación, desesperanza, refugiados, torturados, y podríamos repetir cientos de palabras que no alcanzarían para describir el horror de lo que se hace a nombre de la religión que se ha prostituido con la intolerancia y el prejuicio.

Las Torres Gemelas son una explosión visual del horror que se ha venido viviendo durante siglos a lo largo y ancho de nuestro mundo que aún no ha aprendido a vivir con otros que piensan de manera distinta y sienten a Dios de un modo diferente.

Cristo caminó por las calles de Jerusalén y fue crucificado por una multitud que no podía entender que un carpintero pudiese enseñarles y un varón de Nazareth al que habían visto crecer pudiese venir a decirles que había otra forma distinta de vivir. El mejor modo de eliminar la presión que aquel desconocido provocaba a sus prejuicios acendrados era sacarlo de en medio de la única forma que se cree posible erradicar la verdad, con la muerte. ¿No les parece conocida la historia a la luz de hoy?

jueves, 6 de mayo de 2010

Golpes al alma

* Cristina es una bella mujer, sin embargo, parece más aventajada que los 25 años que tiene. Cuando salió de la universidad fue a trabajar a una ciudad lejos de su casa. Allí conoció a quién sería luego su esposo. Los que la conocen se dan cuenta que algo comenzó a cambiar con ella desde el día en que empezó a enamorar con él. Hoy es una pálida figura de lo que fue en algún momento. Su viveza natural ha dado paso a una sensación de nostalgia. El día en que hablamos sólo me dijo:

—Estoy en una cárcel y no sé cómo salir.

Luego me contó que su esposo nunca la ha golpeado, siempre le ha dado todo lo que necesita, pero, desde un comienzo comenzó a alejarla de su familia, no le permitió trabajar y menos participar en actividades donde él no estuviera.

—Para él soy su esposa, pero eso significa que él es mi dueño. Cuando estoy con él no sé quién soy. Me maltrata verbalmente, me desvaloriza frente a mis hijos y continuamente me dice que soy una persona torpe, que no sé hacer nada y que sin él yo me moriría de hambre. El problema es que he empezado a creer que él tiene razón.



* José es un hombre simpático, de esos que son apreciados por sus amigos y que es confiable. Sin embargo, esconde un tormento que no se atreve a contar. Su esposa, que en muchos aspectos ha logrado más éxitos laborales que él, no lo aprecia. Le hace sentir de una y mil maneras que es un perdedor y que nunca va a lograr progresar.

Cuando conversé por primera vez con José me dijo:

—Hubo un tiempo donde ella me admiraba.

—¿Qué pasó? —le pregunté intrigado.

—No sé, supongo que se cansó.

Y me miró con una mirada de esas que te dicen que no hay explicación.

* Andrea y Alejandro son hermanos. Ambos son chicos que normalmente están silenciosos. En el colegio tienden a aislarse. No permiten que otras personas se les acerquen, especialmente para entablar algún tipo de conversación o conocerlos. Los profesores de su colegio los han catalogado como “autistas”, una expresión peyorativa que utilizan ellos para referirse a alumnos que no están vinculados con nadie y que prefieren aislarse a compartir.

La primera conversación con Andrea no fue fácil. Todo el tiempo actuó a la defensiva. Pero, seguí tratando una y otra vez de hacerle entender que estaba allí para ayudarla. Un día interrumpió en mi oficina, se sentó frente a mi y sin mirarme dijo:

—¿Uno se puede divorciar de los padres?

—¿Qué es lo que ocurre?

Luego me contó que su hogar era un infierno. No había golpes, ni violencia, pero nunca había algo que ella o su hermano hiciera que dejara contentos a sus padres. Especialmente su papá los maltrataba psicológicamente poniéndoles epítetos y diciéndoles que no podrían triunfar nunca porque habían nacido para ser unos fracasados.

El drama de la violencia psicológica 

Tres realidades: Una mujer, un varón y dos preadolescentes. Sin embargo, el motivo de su tristeza es el mismo: Violencia emocional y psicológica.

Es más fácil constatar una lesión física que una agresión psicológica. Lo primero se puede evidenciar de una manera perceptible, sin embargo, lo segundo suele ser más complejo.

Hay distintos tipos de abusos emocionales.

Bulling: Que es la violencia de los pares que se produce en ambientes escolares y laborales, y que tiene como centro la burla y el desprecio, en general de una o varias personas que son distintas al resto. En muchos casos se llega a la violencia física.

Mobbing: Que es la violencia ejercida en el contexto de ambientes laborales, cuando un empleador abusa psicológicamente de uno o varios subordinados. En este caso la figura se produce porque una persona tiene el poder y lo ejerce de manera arbitraria maltratando emocionalmente a las personas a quienes les paga un salario.

Violencia espiritual: Que se da especialmente en contextos religiosos donde personas con cierto poder —religiosos, padres, profesores, etc.— maltratan psicológicamente a otras personas utilizando para ellos conceptos religiosos de descalificación, desvalorización o descrédito.

Violencia familiar: Que es la violencia psicológica ejercida en contextos domésticos, donde existen lazos consanguíneos o de cercanía de amistad, y donde se producen agresiones verbales que van configurando un cuadro de desprecio permanente a otra persona.

Los casos mencionados al inicio de este artículo corresponden a dicha realidad. El resto del artículo nos referiremos a esta situación.

Violencia psicológica doméstica 

El mayor problema de la violencia familiar es que se da en contextos donde las personas son más vulnerables, y por lo tanto el daño es mayor.

Se llama violencia psicológica doméstica cuando la agresión verbal, emocional o psicológica se ejerce en un contexto familiar donde existen lazos consanguíneos o de amistad, y alguien con cierto poder subjetivo o real, manipula, abusa o maltrata emocionalmente a otra persona.

Lo conflictivo del asunto es que las personas que son abusadas emocionalmente en general no denuncian el hecho o no saben qué hacer frente a dicha situación.

No lo denuncian porque se encuentran con el conflicto de que hablar del asunto es poner en evidencia a alguien que es cercano afectivamente. O no lo hacen, porque en muchos casos, no saben que lo que están viviendo es un delito que no corresponde y que a la larga va a provocar efectos duraderos en la psiquis del individuo.

¿Qué ejemplos se pueden dar de abuso psicológico? 

Para responder a esta pregunta lo primero que tiene que entenderse es que el abuso se da precisamente cuando alguien tiene una posición de poder sobre otro ser humano. Este puede ser real o imaginario, pero existe.

Además, el abuso psicológico no es un problema de sexos, edades o grupos sociales. Se da entre varones y mujeres, niños y adultos, pobres y ricos. Es un estereotipo creer que las personas educadas no abusan emocionalmente, o que los niños no manipulan psicológicamente a algunos adultos vulnerables, como ancianos por ejemplo.

Algunos ejemplos de abuso psicológico son:

Manipulación. Cuando se convence a alguien que no podrá ser amado por otra persona si no accede a actuar de un modo en particular o que se revelará a otros un secreto (que puede o no ser terrible) si no se accede a actuar de un determinado modo.

Insultos. Cuando se utilizan las palabras para rebajar, motejar, denigrar o maltratar la dignidad de otra persona. No necesariamente tienen que ser malas palabras, también se puede insultar de maneras sutiles con palabras que en una relación puedan constituir un código personal.

Desvalorización. Muy ligado al insulto, es una forma de desmerecimiento de otro individuo, convenciéndolo que no es capaz de hacer algo o no creyendo en sus posibilidades. Es una forma de humillación constante.

Silencio. Una forma muy sutil de agresión psicológica. No hay agresión física ni verbal, pero ignora a la otra persona. No le habla ni le dirige la palabra de ningún modo. En algunos casos, especialmente entre parejas con hijos se utiliza a los hijos como mensajeros.

Descrédito. Poner a otra persona mal ante sus amigos o familiares que no viven en casa. Hacer sentir que él o ella no tienen valor o inventar situaciones ficticias para crear una mala imagen de dicha persona.

Burlas. Una forma muy común de agresión solapada. Se dicen en chistes expresiones que afectan al otro. Generalmente las bromas tienen como fin reírse de algo que evidentemente hace que el afectado se sienta mal.

Acoso. Una forma de agresión psicológica asociada a conductas obsesivas. Hace que su víctima, en el entorno familiar, tenga que estar pendiente de él o ella, y utiliza dicha situación para manipular, abusar o denigrar al otro.

Efectos 

El problema de la agresión psicológica son los efectos a largo plazo. Cuando es persistente, puede terminar destruyendo el equilibrio emocional, mental y psicológico de una persona, al grado de tener que recibir incluso tratamientos psiquiátricos.

Es como una gota que cae sobre una roca. Una no hace mella en el granito. Pero si es persistente y cae siempre sobre el mismo lugar, tarde o temprano destruirá la superficie más dura.

Lo mismo sucede en la estructura psicológica de las personas. Un insulto dicho al pasar y en una situación única, puede tener el efecto de causar dolor, por un momento, y las personas pueden solucionar la situación pidiéndose perdón y reconciliándose.

El problema es cuando la agresión es reiterativa en el tiempo. Va socavando de manera constante la estabilidad emocional de las personas.

Conclusión 

La violencia psicológica doméstica no es un problema fácil de solucionar.

Siempre han existidos incidentes de agresiones verbales o emocionales al interior de muchos hogares y relaciones familiares, el asunto es que hoy hay mucha más conciencia de que se está frente a una situación que no debe ser tolerada bajo ningún punto de vista.

Agredir a una persona, de cualquier forma. Física, psicológica o sexualmente, es un delito.

Cada vez hay más individuos que toman conciencia de esta realidad.

El primer paso para enfrentar esta lacra social es empezar a hablar de ella para concientizar a la mayor cantidad posible de personas que no es lo mismo dialogar que insultar, hablar que manipular, etc.

Hay una frontera sutil entre ser franco y asertivo. Muchos confunden franqueza con torpeza, y no es lo mismo. Una persona asertiva dice lo que siente y piensa, pero nunca utilizando ningún tipo de humillación o agresión.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Nunca más

Hay momentos en la vida en que la mente toma una fotografía. Una imagen para ser constantemente recordada en los años siguientes. Una de esas estampas que de tanto mirarlas y volverlas a mirar se ajan con el paso del tiempo.

Estaba en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, Argentina. Tenía que esperar al menos cuatro horas para que el vuelo partiera. Aunque eran las dos de la mañana había tanta gente como a pleno día. Desde el segundo piso, en donde estaba, me entretenía mirando a las personas que hacían filas frente a los mostradores para verificar sus pasajes.



Trataba de imaginar qué sería de sus vidas y hacia donde iban.

Un rato después me senté y saqué un libro. No quería dormir y no tenía nada más que hacer.

Estaba enfrascado en la lectura cuando de pronto se sentó una anciana de cabello blanco frente a mí. Levanté brevemente la cabeza y vi con asombro que ella me sonreía. A continuación me dijo:

—Yo también leí ese libro. Es muy bueno.

—Si ella escribe muy bien ––repliqué, refiriéndome a la autora de la novela que tenía entre manos.

En unos pocos instantes, nos vimos enfrascados en una interesante conversación, sobre literatura y autores hispanoamericanos. Me sorprendió la cantidad de libros que había leído. Compartimos algunos de nuestros mutuos gustos literarios e información sobre el contenido de textos que nos habían agradado.

Ella hablaba con tanta vehemencia que parecía ser una autoridad en el tema.

—¿Usted escribe? —le pregunté en algún momento.

—Si —me dijo, con un tono que sonaba a infidencia— pero no se lo daría a leer a nadie. Es mi mundo particular y me sentiría invadida si alguien lo leyera.

—¿Pero no se escribe precisamente para que lo lean? —le dije extrañado.

—No es mi caso —me dijo— yo escribo para mí. Para sanar mi espíritu, para dialogar conmigo misma. Pienso mejor cuando escribo.

Luego de la literatura pasamos a conversar de nuestros respectivos viajes. Ella me confidenció que iba a visitar a su hija que había emigrado junto a su esposo a otro país. Su otro hijo había tenido que partir a un continente distinto. Era viuda desde hace más de diez años. Vivía sola y anhelando que pasaran los meses para poder ir a visitar a alguno de sus retoños. Ellos juntaban dinero para el pasaje y se turnaban un año por medio para llevarla a estar con ellos por algunos meses.

A medida que me contaba esa parte de su historia, su voz vehemente se tornó melancólica y con un tono de tristeza evidente. Luego casi como en monólogo agregó:

—Cuando nuestros hijos eran pequeños, nunca planeamos que estaríamos todos viviendo a tanta distancia uno del otro.

—Eso no se planea —dije casi en susurro.

—De todos modos, no me gusta —dijo ella, con una sonrisa cargada de tristeza.

Habíamos estado como una hora y media conversando cuando de pronto miró el reloj y se dio cuenta que ya era tiempo de entrar a la sala de embarque.

Me ofreció una amplia sonrisa y mientras se despedía me agradeció por haber conversado con ella.

Caminó hacia la entrada y cuando estaba a punto de traspasar la puerta, se devolvió. Cuando llegó nuevamente junto a mí me miró fijamente y me dijo:

—¿Podría darle un abrazo?

Por un segundo titubeé y la quedé mirando sin saber qué hacer, pero antes de que pudiera reaccionar ya se estaba acercando para abrazarme. Tenía los ojos con lágrimas y me dijo:

—¿Me haría un favor?

—Por supuesto —le respondí.

—Acompáñeme a la puerta de embarque, así sentiré como si alguien querido me hubiese venido a despedir.

Le ofrecí mi brazo y caminamos lentamente sin decirnos nada los pocos pasos que nos separaban de aquella puerta.

Cuando llegamos me volvió a abrazar, me dio un beso en la mejilla y partió. Alzó su mano para despedirse con una gran sonrisa. Y se perdió entre la gente que entraba.

Seguramente el policía que custodiaba la puerta y nos vio debe haber pensado que el nieto o el hijo habían venido a dejar a su madre o a su abuela.

Le devolví el saludo y mientras se alejaba en dirección al control aduanero pensé: Quisiera vivir en un mundo distinto. En uno donde nadie se sienta tan solo que tenga que pedirle a un extraño que la despida para imaginarse que es alguien amado.

Mientras caminaba de regreso a mi asiento mi ánimo había cambiado y me embargaba una gran melancolía.

Tomé mi equipaje y me dirigí hacia el mostrador de la línea área. En ese momento desee más que nunca que Jesús viniese para no tener que despedirme de nadie nunca más.

martes, 4 de mayo de 2010

Criar hijos estando sol@s

Nunca ha sido fácil criar hijos.

Ni para quienes tienen un matrimonio que comparten el privilegio de criar a un hijo ni para mujeres o varones que por una razón u otra se han quedado solos con sus hijos.

La realidad es que cada vez hay más mujeres que deben criar solas a sus hijos. El fenómeno de una mujer solitaria criando hijos es más común que un varón ejerciendo la paternidad solo.

No importa cual sea la situación, el verse enfrentada al reto de criar a un hijo muchas mujeres experimentan los mismos sentimientos de terror y responsabilidad que experimentan muchas otras que tienen a sus maridos con ellas para acompañarles en el proceso de la crianza.

Hay algunas consideraciones que deben ser tomadas en cuenta por toda mujer que vive esta situación, (los principios son válidos también para varones que se enfrentan a esta situación).

Las que tienen que criar solas no pidan disculpas a nadie, no se es menos madre por tener un marido al lado que por estar sola. Siempre admiré en mi madre, que quedó con cinco hijos y sin marido, la entereza moral que siempre demostró. Levantaba la frente, sin arrogancia, pero con un sentimiento de valor propio que hasta el día de hoy admiro.

La maternidad es un don que puede ser ejercido aún cuando se está sola, sin embargo, hay que tomar algunas prevenciones para evitar dificultades posteriores en la vida de los hijos.

¿Qué hacer?

1. No convierta a los hijos en el centro. Muchas madres solas cometen el error de convertir al hijo en el centro de sus vidas como si todo debiera girar en torno a él. Sin embargo, aunque la actitud es loable, en términos de crecimiento personal y desarrollo psico-social el riesgo es muy grande. Una mujer que cría sola debe darse tiempo como persona para tener actividades libres de la maternidad, sólo así estará psicológicamente mejor preparada para enfrentar la tensión que implica criar a un hijo sola.

2. No actúe con vergüenza. No actúe como si tener un hijo en esas condiciones fuera vergonzoso. Dicho sentimiento será trasmitido al niño y finalmente lo aislará del mundo. Muchas madres solteras se privan a sí mismas de participar en actividades que involucran a padres porque temen ser cuestionadas por tener un hijo en esas condiciones, sin embargo, no se dan cuenta que con dicha actitud lo único que hacen es arrojar una sombra sobre la vida de su hijo. Es necesario que participe en todo lo que pueda, será más difícil, pero, al final su hijo terminará agradeciéndole.

Una vez un joven universitario me dijo que nunca entendió plenamente lo que significaba no tener padre sino hasta cuando ya era grande. En algún momento de la conversación me dijo algo que me quedó grabado:

―Mi madre no se privó de nada y no me hizo sentir alguien especial por no tener padre, simplemente participó conmigo de todo lo que pudo. Aún la veo en mi mente pateando la pelota de fútbol en la cancha frente a mi casa cuando yo tenía cuatro o cinco años. ―Y mientras me decía esas palabras hacía un gesto de nostalgia, pero también de mucho amor por aquella mujer.

Sabia actitud de alguien que suplió con creces la falta de un compañero para acompañarla en el peregrinar de la crianza.

3. Compense. Busque compensar algunas deficiencias de la formación de sus hijos especialmente en lo que se refiere a una figura varonil en sus vidas. Muchas madres no entienden la importancia de este hecho y simplemente en su aislamiento provocan serios conflictos en la formación posterior de su hijo porque no le dan la oportunidad de exponerse a figuras varoniles. Si tiene familiares varones cercanos procure que su hijo tenga actividades junto a ellos, esto vale igualmente en el caso de hijas. Si no hay familiares cerca, entonces, busque amigos de sus hijos y procure que vayan a jugar a casas donde existan figuras paternas sanas. En caso de que estas dos instancias anteriores no se den inscriba a su hijo en actividades deportivas o recreativas que implique observar a figuras varoniles.

4. No sea posesiva. Muchas madres solas suelen ser muy posesivas con sus hijos. Como muchas de ellas han sido dañadas afectivamente por alguien quieren con toda honestidad cuidar a su hijo o hija de sufrir los desengaños que ella misma experimentó, sin embargo, al convertirse en madres posesivas lo único que lograrán es que su hija o hijo termine siendo una persona con una personalidad desequilibrada sin capacidad de tomar decisiones solo. Déjelo que se equivoque. Permítale ser normal. El crecimiento siempre implica ensayo y error.

5. Déjelos partir. No olvide que los hijos no nos pertenecen. Son un don de Dios que estamos llamados a administrar, sin embargo, algún día han de emprender el vuelo. El criar a un hijo implica prepararlo para el proceso de volar del nido. El destete emocional debe hacerse progresivamente hasta que seamos capaces de entender plenamente que desde el momento en que un hijo nace comienza a crecer para marcharse. Algunas madres nunca dejan partir a sus hijos y esto suele acarrear una gran cantidad de problemas en la vida de los hijos que se paga a la larga muy caro.

6. Tenga su propio proyecto de vida. Tenga un proyecto de vida que sea independiente del hijo. Muchas madres viven en función de sus hijos al grado que se anulan como personas. Cuando los hijos crecen y observan lo que la madre ha hecho de sus vidas, en general no hay una respuesta de agradecimiento sino de compasión y en muchos casos de desprecio por lo que la persona ha hecho de su vida. Felicidad ―nos dice el psiquiatra español Enrique Rojas― es tener un proyecto de vida y alcanzarlo.[1] Sin proyectos de vida coherentes y claros la vida se convierte en un deambular sin sentido.

7. No olvide que los hijos son un don. Los hijos son un don de Dios, no importa si los cría una mujer sola o una pareja. Será en algunos aspectos más difícil para una mujer sola, sin embargo, sigue siendo una oportunidad de crecimiento en muchos aspectos. Gracias a Dios por los hijos, porque, entre otras cosas, fueron dados a la raza humana para que aprendamos de ellos y crezcamos como seres humanos.

Conclusión

Los hijos no tienen la culpa de ser criados solo por una madre sin la presencia de un padre. Traspasarles un sentido de dignidad y de valía personal sólo por el hecho de ser personas es todo un desafío para una madre que debe cargar con la responsabilidad de criarlos sin más ayuda que de Dios y de aquellos pocos que logran entender el esfuerzo y no acusan ni apuntan con el dedo.

Tal vez la promesa bíblica de Isaias 41:10 debería ser repetida a diario y en todo momento. Dios dice “no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

¡No estás sola! ¡Sigue adelante!

Referencias

[1] Enrique Rojas, La conquista de la voluntad (Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1997) y Enrique Rojas, Una teoría de la felicidad (Madrid: Editorial Dossat, 1987).


lunes, 3 de mayo de 2010

Chat con Dios

Dios: Hola, ¿cómo estás?

Humano: Enojado contigo.

Dios: ¿Por qué? ¿Qué te he hecho?

Humano: Eso precisamente, ¡no has hecho nada!

Dios: Explícate porque no te entiendo.

Humano: Hubo un terremoto y no hiciste nada.

Dios: ¿Cómo sabes que no hice nada?

Humano: Se cayeron muchas casas y la gente está sufriendo, algunos murieron.  ¿Dónde estabas?

Dios: ¿Dónde crees?


Humano: No sé, si hubieras estado no habría pasado.

Dios: Lástima que tengas esa opinión de mi.

Humano: No sólo yo, también algunos amigos que conozco, incluso una amiga mía también está enojada contigo porque está enferma y tú no haces nada.

Dios: No me aflige que estén enojados, sino que no me crean.

Humano: ¡Qué quieres que te creamos!

Dios: Que nunca los he dejado solos.

Humano: No te creo.

Dios: Si lo sé, pero créeme, sé perfectamente lo que está pasando.

Humano: ¿Y por qué no haces nada?

Dios: Hago mucho, sólo que no hago propaganda.

Humano: Y por qué no, ¿hasta las gallinas cacarean cuando ponen un huevo?

Dios: Yo no soy así, pero créeme, estoy con todos los que sufren, mucho más de lo que ellos imaginan.

Humano: ¿Y por qué no haces algo?

Dios: Hay cosas que no puedo hacer, no sería justo.

Humano: ¿Para quién no sería justo? ¿Para ti?

Dios: No para todos. Los seres humanos son libres. Hay decisiones que no me competen. Los cree libres.

Humano: Si pero podrías intervenir de vez en cuando.

Dios: Siempre lo hago pero sin que las personas vean afectadas su libertad.

Humano: No logro entender eso, me parece una posición cómoda.

Dios: No creas, es la posición más incómoda del mundo. Tengo todo el poder para intervenir cuando quiera, pero he creado a un ser humano capaz de elegir, el día en que intervenga dejará de ser justo.

Humano: Pero, ¿por qué permites que la gente se enferme?

Dios: Eso no es responsabilidad mía, es consecuencia de las decisiones de los seres humanos.

Humano: ¿Y qué culpa tiene un niño?

Dios: Ninguna, pero volvemos a lo mismo. No puedo intervenir anulando la capacidad humana de elegir.

Humano: Me resulta confuso.

Dios: Si lo sé, por eso fue mi hijo, precisamente para hacer algo que nadie pidió.

Humano: ¿Qué cosa?

Dios: Morir, sacrificarse, asumir lo que le corresponde al ser humano, para que sean libres de elegir, para que eligiendo a Jesús opten por la vida, la que realmente importa.

Humano: ¿Cómo que la que realmente importa? Toda vida importa.

Dios: No en realidad. La vida que tú vives hoy no es exactamente la vida que tengo en mente, sino la vida de abundancia, y esa no será posible nunca en tu mundo, sólo es posible en mi mundo.

Humano: ¿Cómo que tu mundo? Esto es todo lo que hay.

Dios: No, yo tengo para ustedes un nuevo mundo, una realidad que ni te imaginas.

Humano: El saberlo no quita mi enojo.

Dios: No te pido que dejes tu enojo, sino que me creas. Ya hice lo que tenía que hacer. Jesús fue y está ahora conmigo, esperando que ustedes vengan.

Humano: ¿Cómo que vengan? Yo quisiera ir, pero Jesús no viene.

Dios: Él está en camino y antes de lo que imaginas estará por allá en ese mundo que tanto te preocupa.

Humano: Me aflige que la gente sufra.

Dios: A mí también. Nunca ha sido el plan que las personas sufran. Yo sufro con cada uno que sufre, tengo el panorama completo ante mí todos los días.

Humano: ¡Quiero discutir contigo! ¡A veces me dan ganas de gritarte!

Dios: Hazlo, a mi no me afecta, si eso te ayuda, adelante. Sólo te pido que creas, no que te guardes tus sentimientos.

Humano: Es que quiero entender.

Dios: Para eso te hará falta la eternidad, y ni aún lograrás entender todo.

Humano: ¡Pero yo quiero entender ahora!

Dios: Lo que necesitas entender es que es preciso que creas.

Humano: Tal vez mis expectativas son demasiado altas.

Dios: Tal vez no me escuchas lo suficiente.

Humano: El enojo no me deja escucharte.

Dios: Escúchame aunque estés enojado, cuando comiences a creer, entonces, el enojo pasará y podrás descansar.

Humano: En realidad, ¿no te enojas conmigo por estoy molesto contigo?

Dios: No, tu enojo no me aflige, me aflige que no creas.

Humano: Si, ya lo dijiste, suenas repetitivo.

Dios: No dejaré de repetirlo. Te amo profundamente a ti y a los demás. A todos y cada uno de los seres humanos. Te amo más de lo que alcanzas a comprender.

Dios: ¿????

Dios: ¿Qué pasa?

Dios: ¿¿¿¿¿¿????

Humano: Estoy emocionado.

Dios: ¿Por qué?

Humano: Me cuesta trabajo creer que me amas si estoy enojado contigo.

Dios: Créeme, sólo quiero que creas.

Humano: ¿Qué quieres que crea?

Dios: Que te amo.

Humano: mmmmmm

Dios: Sólo creyendo tendrás posibilidades de entender.

Humano: ¿Creer pese a mi enojo? Eso es nuevo para mí.

Dios: Quisiera que creas que estoy dispuesto a abrazarte y estar contigo en todo momento, que nunca te he abandonado a ti ni a nadie. Que llegará un día que intervendré totalmente, pero será por voluntad de ustedes, no por imposición.

Humano: Quiero creer. ¡Ayúdame!

Dios: Eso es suficiente. Es una pequeña luz. Abrázate a ella.

Humano: Eso intento.

Dios: No dejes de hacerlo.

Humano: ¿Y después? ¿Cuándo venga otro temblor?

Dios: Sigue creyendo. No provoco los temblores ni los terremotos ni la muerte, pero allí estoy a tu lado para darte consuelo esperando que creas, para que en algún momento todo esto acabe.

Humano: Tengo que irme, pero quiero seguir hablando contigo.

Dios: Cuando quieras. Tengo el chat abierto siempre para ti.

Humano: Es bueno saberlo. Voy a meditar en lo que me has dicho.

Dios: Ok, aquí estoy cuando quieras.

Humano: Ok.

domingo, 2 de mayo de 2010

Obstáculos en el camino

Cuanta la historia que un rey mandó colocar una gran roca para obstaculizar un camino. Luego se escondió y miró para ver si alguien quitaba aquel tremendo peñasco. Algunos de los comerciantes mas adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente dieron un rodeo. Muchos culparon al rey ruidosamente por no mantener los caminos despejados, pero, ninguno hizo algo para sacar aquella gran piedra del camino. Entonces vino un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el lugareño puso su carga en el piso y trato de mover la piedra a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho finalmente lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales notó una cartera en el piso, justo en el lugar donde había estado la roca. La cartera contenía una gran cantidad de monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron. Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar nuestra condición.



Hay al menos dos clases de personas, aquellos que hacen de los obstáculos una oportunidad para crecer y aquellos que simplemente se dejan aplastar por las piedras del camino.

Es imposible que en nuestro crecimiento como seres humanos estemos libres de problemas y dificultades. Es verdad, sin duda, que muchos tienen más problemas que otros. No obstante, no son los trances del camino los que hacen la diferencia entre una persona y otra. En realidad, las circunstancias de la vida son neutras, nosotros somos los que les asignamos un significado y un sentido.

Como dijera el dramaturgo George Bernard Shaw: “Las personas siempre culpan de lo que son a las circunstancias. Yo no creo en circunstancias. Quienes avanzan en este mundo son los que se elevan y buscan las circunstancias que quieren, y si no pueden hallarlas, las producen”.[1]

El éxito es logrado por quienes deciden seguir adelante pese a todos los obstáculos que encuentran en el camino. Simplemente, deciden ver la vida de una manera distinta, y quizá ese sea el secreto final de todo el asunto. La mirada marca los acontecimientos. Para uno un incidente puede ser una oportunidad y para otro, el mismo puede ser visto como un desastre.

Como alguna vez escribiera:

“No es Dios el que te persigue, es lo que tu has hecho de tu vida lo que te agobia.
No son los cardos los culpables de rozar tu piel, eres tú el que no ha respetado su hogar natural.
No es el sol el que te quema, eres tú el que impide su paso.
No es la lluvia la que te moja, eres tú el que no sabe gozar su abrazo.
No es el trueno el que gime, eres tú el que no distingue su canto de alabanza.
No es que esos ojos te cieguen, eres tú el que no conoce el rostro del amor.
No es que el silencio sea tan profundo, eres tú el que no sabes que esa es la voz de Dios que te habla apacible.
No es el pasado el que te atormenta, eres tú el que no reconoce el sendero de la providencia.
No es la vida la que amarga, es el ajenjo que aún no has digerido.
No son lágrimas las que vuelcas, es tú alma la que respira.
No es que el perdón no exista, eres tú el que no ha olvidado.
No son amigos los que buscas, vas al encuentro de ti mismo.”[2]

Las circunstancias son neutras, somos nosotros los que le asignamos sentido.

Muchas personas han logrado salir adelante pese a las grandes dificultades que han tenido que enfrentar. Muchos pregonan el éxito fácil, como si éste se alcanzara a la vuelta de la esquina sin hacer el menor esfuerzo. No obstante, esa es una idea falsa. La realidad es que los grandes logros se alcanzan a fuerza de tesón y lucha.

¿Qué hacer frente a los obstáculos? 

1. Divide el obstáculo. Toda dificultad es la acumulación de pequeños problemas. En muchas ocasiones no podremos enfrentar todos las conflictos de una sola vez, pero, podemos concentrarnos en enfrentarlos poco a poco. Es el espíritu de la enseñanza de Jesús: “Basta a cada día su propio mal” (Mt 6:34).

Elizabeth[3] quedó devastada cuando escuchó de su médico que tenía un tumor canceroso. Su primera reacción fue caer en una profunda crisis depresiva. No obstante, decidió, luego de entender que aquel camino no la llevaría a ningún lado resolver cada cosa paso a paso. Decidió vivir intensamente cada día y concentrarse en las pequeñas cosas que debía ir haciendo. Quedé sorprendido del ánimo que tenía cuando la volvía a ver después de su diagnóstico. A la pregunta ¿cómo estás? respondió con una amplia sonrisa:

-Viviendo cada día intensamente. Me concentro en un problema a la vez.

2. Concéntrese en lo que tiene solución. Todo problema tiene áreas que pueden ser resueltas y otras que probablemente nunca se solucionarán. Descubrir qué aspecto es solucionable y cuál no es parte de la sabiduría para vivir. Muchos viven lamentándose por situaciones que nunca tendrán solución y gastan energía que les resultaría muy favorable si se concentrasen en aquellos aspectos que sí pueden ser solucionados.

Nicolás se vio enfrentado al reto más grande de su vida cuando tuvo que endeudarse en una gran suma de dinero para poder ayudar en el tratamiento de su hermano desahuciado de una enfermedad terminal. Eso significó dejar de lado proyectos personales y asumir compromisos que no había pensado tomar. Sabía que su hermano iba a morir. Sin embargo, no gastó tiempo en lamentarse y dejarse inmovilizar. Luego de una dolorosa enfermedad su hermano murió. Después realizó una planificación cuidadosa con sus deudores y durante cinco largos años estuvo pagando las cuentas de médicos y hospital. Pero, salió adelante. Se concentró en lo solucionable y no en lo que no tenía solución. Esa actitud le ayudó a convertirse en el puntal emocional de su familia para superar aquel trance amargo.

3. Mire el lado positivo de cada problema. Admiro profundamente a quienes ven en cada situación problemática una oportunidad para crecer. No hay situación –por difícil que esta sea- que no tenga alguna lección práctica para nuestra vida y de la cual podamos sacar algún provecho.

Pocos saben que Tomás Alba Edinson, el extraordinario inventor al cual le debemos muchas de las comodidades que hoy gozamos, perdió en horas el trabajo de años. Su laboratorio avaluado en millones de dólares fue completamente destruido por el fuego. El seguro no cubría ni un tercio de su capital. Cuando se produjo el incendio su hijo Charles apareció frenético buscando a su padre, pensando que tal vez lo encontraría en estado de schock viendo la destrucción del trabajo de su vida. Sin embargo, cuando lo encontró lo vio contemplando con toda tranquilidad el fuego. Al ver a su hijo le gritó:

-¡Ve a buscar a tu madre! ¡Jamás verá algo parecido en su vida!

A la mañana siguiente, mientras se paseaba entre las ruinas dijo:

- El desastre tiene un gran valor. Quema todos nuestros errores. Gracias a Dios podemos empezar de nuevo.

Tres semanas después, Edinson entregó el primer fonógrafo.[4]

4. Confía en Dios. Aunque está idea esta puesta al final, es el aspecto que debe permear toda nuestra actitud. Lo que hace la diferencia en la manera en que muchas personas enfrentan las dificultades es su dependencia de Dios. La confianza en el poder divino genera una actitud diferente que permite mirar las dificultades con otros ojos. Es el sentido de lo que expresa Pablo, “a los que aman a Dios todas las cosas los ayudan a bien” (Rom 8:28).

Juan Wesley cuenta en su biografía el momento decisivo de su experiencia cristiana. Atravesaba el atlántico en una precaria embarcación que lo llevaba junto a un centenar de personas desde Europa a América. Viajaba para predicar el evangelio. En medio de la noche se desató una tormenta. Su corazón se aceleró y sintió que nunca podría salir de allí. Sin embargo, en medio de la angustia sintió a un grupo de personas que cantaban himnos. Se acercó a ellos y descubrió que aún los niños se encontraban tranquilos en medio de la borrazca. Les preguntó a algunos de aquellos hermanos moravos la razón de su tranquilidad y ellos simplemente le respondieron extrañados:

-Es que ya hemos orado y nuestras vidas están en las manos de Dios.

Esa confianza hizo que Wesley replanteara totalmente su fe y sus convicciones.

Nadie está exento de problemas. Sin embargo, la manera como los abordemos determinará la calidad de vida que finalmente tendremos.

Referencias

[1] Citado por Sean Covey, Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos (México: Grijalbo, 1999), 65.

[2] Miguel Ángel Núñez, Espejo para un adolescente (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1994), 177.

[3] Los nombres son ficticios para no incomodar a los protagonistas reales.

[4] Sintetizado de Jack Canfield y Mark Hansen, Más chocolate caliente para el alma (Buenos Aires:  Atlántida, 1997), 222-3.

sábado, 1 de mayo de 2010

Siempre presente

En el silencio de la tarde y en la bonanza de la mañana. En el gorjear de los pájaros y en el murmurar de las hojas con el viento. En la tibia quietud del sol en el alba. En las gotas de rocío.

En la gracia quieta de las florecillas jugueteando con la brisa. En el constante reír de las olas. En el mutismo milenario de las montañas. En el cielo azul rasgado por el vuelo del águila.

En sueño del niño hamacado en su cuna. Allí, simplemente allí, se refleja la sonrisa de Dios.

Y en aquellos instantes cuando todo oscurece. Cuando crees tener sobre tus espaldas el peso de todo el dolor. Cuando bebes el cáliz del sufrimiento. Cuando sientes el desprecio de la gente. Cuando te acongoja el hambre y la necesidad.

Cuando sientes que sería mejor que la tierra se abriera bajo tus pies y te ocultase. Cuando lloras en silencio. Cuando el dolor oprime tu pecho hasta casi estallar.

Allí, aunque no lo sientas, está también la mano de Dios acariciando tu pelo y acurrucándote en su regazo, como quien cobija a un niño.



Cuando ríes y cuando sufres. Cuando amas y desprecias. Cuando te comportas nada más que como humano, Dios está a tu lado con una sonrisa amplía en tu alegría o con los ojos llorosos en tu tristeza.

En momentos en que todo parece un atolladero imposible de franquear… Dios ha allana el camino para que pases.

Cuando te metes en problemas y cavas tu dolor con tenacidad y porfía, ahí también está El, velando en tu derrota y esperando confiado a que decidas que ya es suficiente para seguir bregando atajos solitarios.

En todo instante, en el aura y en la voz, en los solsticios de verano y en la fría noche del invierno. En la algarabía de la niñez y en la quietud de la ancianidad. En la borrasca impetuosa de la adolescencia y en la placidez de la edad madura. En todo momento, un compañero invisible camina a tu lado, sin forzarte, sin torcer tu mano, sin querer que sientas obligación alguna.

Camina a tu lado en silencio, esperando una oportunidad para demostrarte que tú, a sus ojos, eres único o única. Maravillosamente especial. Su creación favorita. Su hijo predilecto. Su hija regalona. La más bella presea de su tesoro.

Te mientes cuando te dicen que Dios se aleja de ti.

Mienten cuando dicen que Dios nos abandona.

Es un engaño creer que Dios se complace con tu dolor y que en esos momentos te ha dejado solo.

Es un invento de origen maligno creer que Dios estará contigo sólo si te portas bien o realizas buenas acciones. Ese es un engaño de alguien que no se resigna a creer que el amor de Dios sea tan incomensurablemente grande.

A través de la historia del cristianismo se ha venido enseñando reiteradamente que el amor de Dios es condicional. Que está y no está. Está con quienes él desea y no está con aquellos que rechaza.

Eso es una burda mentira de quienes no entienden el amor de Dios.

De verdad que Dios es justo, sin embargo, su justicia no es implacable. En el fondo, quienes se condenan a sí mismos son aquellos que no se resignan a aceptar el amor perdonador de Dios.

¿Te equivocastes? ¿Cometiste un pecado del que te arrepientes y te averguenzas? ¿Te han herido? ¿Dañaste a alguien concientemente? ¿Crees que no vale la pena seguir viviendo con todo ese peso que sientes?

Pues no les creas a quienes te dijeron que Dios se ha alejado. Anda a él. Dios no espera que cambiemos para perdonarnos. Esa es una falacia. Si pudiéramos ser justos por nosotros mismos, ¿para qué entonces necesitaríamos el poder de Dios? Vamos a Dios por la simple razón de que somos malos y no podemos ser buenos por nosotros mismos.

En todo momento Dios está presente. En todo instante te espera. En cada segundo está pendiente de ti para que aceptes la gracia maravillosa de su amor.

¿Qué pensarías de aquel que cuando recibe un obsequio quiere pagarlo? No sé tú, pero yo me ofendería. Cuando hago un regalo es porque siento que es algo que quiero hacer y porque me agrada darlo. Dios nos ha dado el obsequio de su amor y su justicia mediante el sacrificio de Jesús, y nosotros, no creyendo que tanto amor es posible queremos pagarlo de la única manera torpe que se nos ocurre, realizando obras buenas para ganar su misericordia y hacernos “merecedores” de su gracia.

La gracia no se puede comprar. Es algo que está más allá de nuestras posibilidades.

Dios te ha visto llorar en medio de tu desesperanza.

Ha estado contigo en tus alegrías.

Ha llorado junto a ti cuando has sido malherido por personas que supuestamente deberían haberte amado.

Nunca nos ha abandonado aunque a veces su presencia se sienta más lejana por nuestra propia actitud.

Así que amigo o amiga, levanta la frente. Sonríe. Eres un hijo o una hija del Dios altísimo. Del rey del universo. Deja tus cargas a sus pies y descansa en su gracia. Todo lo que vendrá después será resultado de su gracia y de la paz que sólo él puede dar.