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sábado, 6 de agosto de 2011

El bautismo no es graduación

Dr. Miguel Ángel Núñez

A menudo escucho frases como estas:

—Aún no estoy en condiciones de bautizarme, me falta muchotodavía.

—Bautizarme es un compromiso muy serio, no sería capaz devivir a la altura de lo que se espera de mí.

—No me bautizo porque todos los bautizados que conozcoalguna vez se equivocan.

—¿Por qué me voy a bautizar? Yo sé que voy a volver aequivocarme.

—No me bautizo, porque así, sin bautizarme se preocupan pormí. El día en que me bautice me dejarán de visitar y seré sólo una estadística.

Todos los que se expresan de este modo sufren una confusiónteológica producto de una enseñanza sesgada respecto al bautismo.


El bautismo no esgraduación

El bautismo no es una ceremonia de graduación donde teentregarán un galvano por haber concluido una serie de requisitos que tecalifican para ese galardón.
Observar el bautismo así hace perder el verdadero sentido delsímbolo y pervierte su significado original.

¿Alguien es apto para vivir de manera impecable? ¿Existe algunapersona que pueda decir que no se ha equivocado y está libre de pecado?

Cuando se establecen “requisitos” para ser bautizadosintroducen una noción no bíblica que confunde a las personas que desean dareste paso. La única condición que laBiblia pone para el bautismo es creer, es decir, aceptar a Jesús como Salvadorpersonal.
Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito,para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Jn.3:16).
El que cree en el Hijo tiene vida eterna (Jn. 3:36).
Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree alque me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muertea la vida (Jn. 5:24).
Requisitos y bautismo

Si una congregación pone “requisitos” de bautismo, en esecaso debería ser honesta en decir: “Nuestra congregación (denominación, iglesiao como quiera llamarlo), exige que para ser bautizado se deben reunir algunosrequisitos mínimos”. En ese caso deberían ser explícitos en señalar que sonrequisitos planteados por esa comunidad cristiana en particular.

Toda congregación tiene el legítimo derecho de esperar quequienes serán miembros de su comunidad cristiana reúnan ciertascaracterísticas, no obstante, suponer que es lo mismo que espera Dios es unexceso que no admite análisis bíblico. Ningún personaje bíblico le exigió nuncaa alguien “requisitos” de bautismo, sólo creer en Cristo.

Por lo tanto, una cosa es el bautismo y otra diferente elpertenecer a una congregación cristiana. Hemos confundido ambos elementos comosi fueran uno y con eso se ha logrado una confusión teológica que no tieneasidero bíblico.

Más de alguna vez alguna persona me ha dicho:

—Yo quiero bautizarme, pero no quiero pertenecer a sucongregación.

Alguna vez me molesté por esa reacción, pensando que estabanmal entendiendo el bautismo. Con el tiempo comprendí que era yo el que entendíamal. El bautismo es un acto público de aceptación de Jesucristo como salvadorpersonal, convertirlo en requisito para ser miembro de una congregación o creerque sólo el que va a ser miembro de una iglesia en particular, puede serbautizado, es ir más allá de lo que el texto bíblico nos permite. Ninguno delos bautizados en el Nuevo Testamento se unió a una congregación, denominacióno iglesia, ellos fueron hechos cristianos, dieron testimonio de su convicciónde que Jesús era su salvador personal. En el afán de aumentar el número deconversos a las iglesias, se ha llegado a un exceso que no tiene asiderobíblico.

La lógica delbautismo después del discipulado

Si se lee cuidadosamente la Biblia y la forma en que Jesúsenuncia el orden de la misión en Mateo 28:19-20, es:
  • Discipular.
  • Bautizar.
  • Enseñar.

Eso implica que los que son bautizados han sido previamentediscipulados, que no es lo mismo que adoctrinados.

El discipulado implica que la persona está dispuesta a serdisciplinada bajo la gracia. La expresión discípulo deriva en disciplina. Noobstante, no es la disciplina lo que la hace apta para la salvación, sino lagracia que la habilita.

Cuando alguna persona se convierte en discípulo, lo haceentendiendo que su única esperanza de vida es aprender a depender del SeñorJesús que dijo: 
Sin mí nada podéis hacer (Jn. 15:5). 
El discípulo lo aceptacomo un concepto indudable para su vida. Se une a Cristo porque sabe que sin élno tiene esperanza.

Evidentemente, por el proceso de justificación se haceposible la santificación que trae cambios, pero, no nos equivoquemos, no somosaceptados por Dios por el cambio producido en nosotros, sino por la justicia deDios obrada en y por nosotros en Jesucristo. Su justicia nos cubre, no nuestrasantificación.

El error ha sido considerar que el bautismo se producedespués que el individuo ha demostrado que en su vida se ha dado un cambio. Deallí que algunos supongan, equivocadamente, que deben cambiar para ser aptos,sin entender, que son aptos por creer y es sólo después de creer que soncambiados por el poder de Dios, nunca por la voluntad o el esfuerzo humano.

Parafraseando a Agustín de Hipona: “Creemos para cambiar, nocambiamos para creer”. Es el poder de Dios el que produce el cambio no lavoluntad ni la inteligencia humana.

Por esa razón, bíblicamente, exigirle a alguien cambiar paraser bautizado no es correcto, a menos, que exija el cambio para ser miembro deuna congregación, y allí la cosa es diferente, pero lo hemos confundido como sifuera uno solo, y no lo es. El bautismo no exige cambio, al contrario, esdespués del bautismo donde se produce el cambio por efecto del poder que obraen el creyente que ha aceptado ser discipulado por la gracia.

El símbolo

El bautismo no representa al pecador, ese es otro error quese ha introducido en el cristianismo que no admite fundamento bíblico. El bautismorepresenta simbólicamente a Cristo que muere y resucita por y en el pecador.

Al hundirse en el agua se simboliza a Jesús muriendo por elpecador, en base a la imposibilidad de que el ser humano pueda vivir una vidanueva si no es por Jesucristo.

Al ser levantado de las aguas al pecador se le recuerda laresurrección de Jesús. Nace a una nueva experiencia. No está solo. Ahora elJesús resucitado está a su lado y él ofrece el poder que necesita para seguirel camino de gracia.

Por lo tanto, el bautismo es un símbolo que se centra enCristo, no en el pecador. Cuando se dice, por ejemplo, “para testimonio”… seintroduce un concepto erróneo. Si se dijera: “Para dar testimonio de la muertey resurrección de Cristo en ti”, tendría más sentido bíblico.

Pablo es claro:
Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él ensu muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre,también nosotros llevemos una vida nueva (Rm. 6:4).
La vida nueva es efecto del bautismo, no antecedente o requisito.

El mismo concepto repite a los Colosenses:
Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en elbautismo. En él también fueron resucitados mediante la fe en el poder de Dios,quien lo resucitó de entre los muertos (Col. 2:12).
Lo mismo repite Pedro en una de sus cartas:
El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino enel compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación esposible por la resurrección de Jesucristo (1 Pe. 3:21).
Sin embargo, la “buena conciencia” de la que habla Pedro esresultado también de la acción de Dios.
El amor brote de un corazón limpio, de una buena concienciay de una fe sincera (1 Tim. 1:5).
No es posible ninguna de estas acciones sin el poder de Diosobrando en el ser humano.

Bautismo ypecaminosidad

Suponer que el bautismo significa abandono total del pecadoes no entender un principio básico de la Escritura: El problema mayor no sonlos “pecados” (en plural) de los pecadores, sino “el pecado” que mora ennosotros. Es decir, el problema no son las acciones que realizamos sino lanaturaleza que tenemos.

Pablo lo señala claramente al decir:
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nadabueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo (Rm. 7:18).
Y dice estas palabras estando bautizado ya, no antes.

El bautismo simboliza la aceptación de la muerte yresurrección de Jesús. No simboliza que al bautizarse el pecador no seequivocará más. Pensando así implica poner a los pecadores en un camino defrustración y amargura. Es ponerlos en un callejón sin salida. Es creer que elbautismo confiere perfección, lo que no es cierto.

Bautismo y nueva vida

El bautismo simboliza que el cristiano inicia una nuevavida, no en términos de perfección porque eso es imposible, sino en el sentidode que ahora no está solo, que cuenta con el poder de Dios para ayudarlo ylevantarlo en caso de equivocarse.
Por esa razón, se le llama al bautismo “nuevo nacimiento”,porque representa un antes y un después en la vida del cristiano, no entérminos de no equivocarse nunca más, puesto que eso sería inhumano y además,señalaría ser perfecto, sino en el sentido de que ahora el pecador, cuenta conla gracia, con la justicia y la perfección de Cristo que lo cubre y lo haceapto para la salvación.

Nuevamente recurrimos a Pablo quien señala:
Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó quedebían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida porlos deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse elropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia ysantidad (Ef. 4:22-24).
Es después del bautismo donde comienza el verdadero cambio.Pero, nadie debería ser juzgado por el cambio, porque no es el cambio el quenos hace aptos. Por otro lado, la imagen bíblica para un nuevo nacimiento es lade “un niño”, que necesitará todo el cuidado y ayuda de los demás en susyerros.

Sin embargo, como hemos introducido una teología equivocada,en vez de ayudar a los “recién conversos”, a caminar, alimentarse y crecer, losmaltratamos cuando se equivocan, creyendo, equivocadamente, que sus errores loshan apartado de la gracia. Además, como se ha introducido la noción errónea delos “requisitos” hacemos depender de dichos “requisitos” la salvación, en esecaso es el ser humano el centro de la justicia lo que la convierte enjustificación por obras. En ese enfoque se llega al legalismo y se termina poroscurecer la figura de Cristo, poniendo en vez de Cristo al pecador, lo que esuna distorsión macabra del sentido bíblico de la gracia, la justificación y lasantificación.

Un pecador arrepentido y bautizado es santificado, pero noes la santificación lo que lo habilita para el cielo, sino la gracia que esotorgada por Dios, precisamente porque todo acto de justicia humano es “comotrapo de inmundicia”, es decir, no sirve como mérito de salvación.

Pablo señala que los cristianos “nacidos de nuevo”
Se han puesto [una] nueva naturaleza, que se va renovando enconocimiento a imagen de su Creador (Col. 3:10).
En otras palabras, no es proceso terminado, sino derenovación continua.

El bautismo, por lo tanto, no es graduación, es comienzo deun proceso que no terminará sino hasta que Jesús venga. Pensar otra cosa, essimplemente, introducir nociones extra bíblicas y culturales distinto alconcepto presentado por la Biblia.


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Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez. Se prohibe la publicación parcial o total del artículo, sin previa autorización del autor.

martes, 2 de marzo de 2010

La teología de la presunción

Cada vez que ocurre un desastre natural surgen voces desde el cristianismo enseñando conceptos equivocados no sólo acerca de las situaciones extremas, sino dando además nociones erróneas acerca de la providencia, de Dios, de la oración y de otros aspectos de la religión.

La presunción

La actitud presuntuosa supone que tiene el capital de la oración y que Dios está a su servicio particular. Hace unos días leí que alguien, a propósito del terremoto de Chile escribió: "Dios no falla, mi familia está bien".

Me quedé impactado, por la soberbia de la expresión, pero también por la actitud poco sabia al decir tamaña tontería.

Si Dios no falla porque su familia está bien, ¿qué de las otras familias que están sufriendo? ¿No alcanza la misericordia divina para ellos?



Si se sigue por esa línea de pensamiento, entonces Dios dejará de ser grande el día que a su familia le pase algo, como evidentemente es posible de acuerdo a la ley de probabilidades.

Esa teología va ligada a la presunción que supone que Dios contestará las oraciones de las personas sólo y exclusivamente porque las hacemos, sin ningún otro tipo de consideración.

En muchos sentidos es una teología que niega la posibilidad que ocurran desastres o situaciones conflictivas.

Teología desde la soberbia

La actitud soberbia siempre supone una negación de la realidad. En muchos sentidos es una teología oscurantista que pretende que la tierra es el centro del universo. Trasladada a la experiencia particular, pretende que la divinidad está al servicio del individuo, y no al revés.

Cuando alguien dice "a los hijos de Dios no les ocurre nada malo", es simplemente, la ingenuidad soberbia de quien se niega a ver la realidad. ¿Acaso no murieron miles de cristianos en Haiti cuando ocurrió el terremoto en enero pasado, o miles de cristianos en los Tsunami que azotaron el sudeste asiático hace algunos años?

Sostener esa idea es desconocer que Dios no tiene el control de todo, que hay elementos que Dios no maneja y que tienen que ver con la voluntad humana (muchos de los desastres ocurren por responsabilidad humana).

Si aceptamos la idea que a los hijos de Dios no les ocurre nada, entonces, cómo explicar los miles de cristianos que murieron en campos de concentración, los cientos de cristianos perseguidos y asesinados por las dictaduras genocidas de latinoamerica que sembraron la barbarie en Chile, Argentina, Brasil, Perú, Paraguay y otros países. ¿Cómo entender que en este mismo instante estén muriendo cristianos en países árabes o musulmanes sólo por la intolerancia religiosa?

Cuando ocurrió la tragedia de Ruanda, le escuché a un devoto cristiano, espiritual pero equivocado decir: "Gracias a Dios nosotros fuimos protegidos, pero muchos de nuestros hermanos fueron masacrados". ¡Cómo es eso! ¿Dios tiene hijos predilectos? Más aún cuando el que hablaba expresó que ellos se salvaron porque el ejército belga rescató sólo a los extranjeros y dejó a todos los ruandeses.  Es decir, si entiendo bien lo que estaba diciendo: "Dios envió a los militares de Bélgica con la misión de rescatar a blancos, rubios, de ojos verdes y azules, y educados en universidades occidentales. Que los africanos, negros, pobres, ignorantes, se mueran". Como conclusión al absurdo, Dios sería racista y colonialista. A ese extremo se llega con líneas de pensamientos gobernados por la soberbia.

La oración presuntuosa

En estos días lo que más escucho es: "Gracias a Dios, contestó mis oraciones, mi familia está bien"; "estamos orando por ustedes para que Dios los proteja" (¡por favor, el terremoto ya fue!); "Dios es maravilloso porque íbamos a viajar a Concepción, pero algo nos detuvo" (y del resto, ¿no pudo Dios acaso decirles algo al oido?).

Recuerdo los días en que mi hermano menor, Joel Josué, a los treinta años enfermó de cáncer. En medio de su dolor se acercaron cristianos bien intencionados llenos de oraciones presuntuosas para decirle que Dios los escuchaba a ellos y se iba a sanar. Uno llegó a decirle que él no se sanaba porque no tenía suficiente fe o había pecado escondido en su familia.  Las últimas semanas, antes que muriera, empezamos a impedir que algunos religiosos lo visitaran. Sus "consejos" y "oraciones" simplemente lo dejaban peor.

La oración presuntuosa me recuerda al fariseo mencionado por Cristo en Lucas 18 que oraba comparándose con el publicano. Su oración llena de soberbia suponía que tenía derecho a ser escuchada por todo lo que hacía por Dios.

Hoy no lo decimos con esa misma tesitura, pero si hemos impregnado el ambiente cristianos de oraciones desde la sospecha. "Si Dios me contestó es porque de algún modo yo estoy en mejores condiciones que otros". Sólo pensarlo es herético y sólo entenderlo así es no comprender para nada la visión de Dios respecto al significado de la oración.

La oración que falta

Probablemente muchos cristianos, honestamente no entienden que lo que se precisa es una oración que lleve otro componente, y es salir del quietismo estático y comenzar a caminar. La oración sin acción es presunción. Es suponer que el deber es de Dios y yo estoy eximido con sólo pedírselo.

Una oración de fe es una oración que lleva a hacer mi parte y no dejarse caer estático en los brazos de Dios sin hacer lo que nos corresponde:

  • Antes de hacer el milagro de la transformación del vino, Cristo pidió que trajeran agua. Ellos podían juntar agua, pero no podían hacer que ésta se convirtiera en jugo de uva, esa era tarea de Dios.
  • Antes de resucitar a Lázaro, Cristo pidió que quitaran la roca que tapaba la entrada de la tumba. Esa era tarea de ellos, podían hacerlo, pero no tenían la facultad de dar nuevamente vida a Lázaro.
  • Antes de que el ciego Bartimeo viera, Cristo lo envió cerro abajo al estanque de Betesda a lavarse los ojos. La caminata y el hundir las manos en el agua era algo que él podía hacer, lo demás era tarea de Dios.
  • Antes de separar el río Jordán los sacerdotes tuvieron que avanzar y poner sus pies en el agua. Si no avanzaban el milagro no se producía.
  • Antes de que saliera agua de la roca Moisés debía tocarla con su vara, no porque la vara tuviera poder, sino porque de esa manera mostraba la confianza en la acción de Dios.
Podríamos seguir con muchos otros ejemplos. La idea bíblica es clara. La oración que no va acompañada de acción se convierte en presunción.  Orar por otros es tan importante como hacer la parte que nos corresponde. Quedarnos quietos orando y viendo que ellos, los que sufren se las arreglen solos, es sentarse a mirar desde la periferia, tranquilos por las "bendiciones que nosotros gozamos". La vieja perspectiva del egoísmo, mientras yo esté bien no hay problema.

La oración que Dios quiere

Nos gusta hablar del "pedir y se os dará", hemos manipulado de tal manera dicho versículo que no nos damos el trabajo de leer el contexto en su dimensión real, tanto textual como cultural. Cristo le hablaba a profesionales de la presunción, a gente que había hecho de la religión lo que algunos hoy han hecho de ella, un campo fértil para la soberbia, la exhibición de falsa espiritualidad, el maltrato religioso, la manipulación con textos fuera de contexto, las predicaciones vacías de realidad (teología para jirafas como decía un querido amigo).

En Lucas 11 sabiamente el médico, inspirado por Dios y fiel a la investigación que realizó, da todo el contexto de los dichos de Jesús, no como Mateo que simplemente los menciona al pasar sin señalar todo lo que Jesús dijo. Después de haberles enseñado la llamada "oración modelo" sigue hablando para que entiendan con claridad sus palabras, y no se dejen llevar por la presunción de sus cotemporáneos fariseos. En ese momento les dice: "Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Lc. 11:9-10). 

Basados en ese texto simplemente las personas piden de todo, desde alivio para un dolor de muelas hasta un auto cero kilómetros, pasando por casas, trabajos, esposos(as), etc. Nos sentimos con derecho a pedir, así sin más, no obstante, no leemos lo que dice el contexto puesto que a continuación Jesús señala con toda claridad:

"Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!" (Lucas 11:13)

¡Pedir el Espíritu Santo! ¡Qué diferencia con la presunción! Ese sólo versículo cambia todo el sentido de la oración. 

No se pide el Espíritu Santo para manipularlo, sería como querer controlar con nuestra voz al viento. Se lo solicita al entender cuál es nuestra condición. Se lo pide cuando aceptamos la necesidad que tenemos de guía dirección y sabiduría. Sólo el Espíritu de Dios puede dar a las personas una perspectiva diferente de la realidad, incluido los desastres naturales que sin duda no proceden de la mano de Dios.

Conclusión

Se necesita un pueblo transformado por la gracia, que deje a un lado actitudes presuntuosas que no ayudan a nadie. Hace poco un amigo no creyente me espetó algo que leyó en Facebook sobre la supuesta bendición de Dios sobre los cristianos olvidando a los no creyentes. Sólo atiné a responderle: "Perdónalos, no saben lo que dicen, aún no leen que Dios no hace acepción de personas y que hace llover sobre justos e injustos".