Trabajé durante pocos años como pastor de iglesia, en todas las congregaciones donde estuve puse una regla que señalaba el primer día que nos reuníamos en una junta administrativa eclesiástica. Les decía a los hermanos:
—En nuestras reuniones nadie está autorizado para decir nada de nadie, si no ha seguido el principio bíblico de Mateo 18, es decir, hablar con la persona en privado, luego de un tiempo haber hablado con un testigo si la persona no ha cambiado y en último término traer el tema a la junta de la iglesia, pero sepan que cuando ustedes hagan eso, no les permitiré hablar sin la presencia de la persona de la cual se va a hablar, la que tendrá derecho a defenderse y exponer su punto de vista, esta es una iglesia, no es un juzgado, ni menos un bar de amigos donde se emiten juicios y chismes de las personas.
En general los miembros se quedaban en silencio sin decir nada, sin embargo, en una congregación que dirigí, una de las hermanas, levantó la cabeza y dijo honestamente preocupada:
El chisme es una agente destructor. Cuando se instala el rumor y el chisme, entonces, la armonía se rompe y se da lugar a situaciones que no ayudan a la armonía y la convivencia de hermanos. Hay muchas formas en que la convivencia se altera.
En general los miembros se quedaban en silencio sin decir nada, sin embargo, en una congregación que dirigí, una de las hermanas, levantó la cabeza y dijo honestamente preocupada:
Hace tiempo cuando pensaba en esa hermana me reía, por su ingenuidad y su sincera preocupación. Ahora, con el paso de los años, ya no me causa gracia, me da una gran tristeza, especialmente porque voy observando cómo actúan algunas congregaciones con la información que manejan.
¿Qué es la iglesia?
Lo primero que tenemos que preguntarnos es qué es la iglesia. A menudo solemos utilizar dicha expresión para referirnos a una organización eclesiástica: “la iglesia adventista”, “la iglesia bautista”, “la iglesia católica”. Dicho uso no es bíblico ni es correcto. En ninguna parte de la Escritura la “iglesia” está asociada a un grupo determinado con nombre y apellido.
En otras ocasiones nos referimos a la “iglesia” como si se tratara de un edificio, se suele decir, “voy a la iglesia”, “estoy en la iglesia”, etc. Otra forma impropia de utilizar el término, puesto que al ubicar espacio-temporalmente la iglesia, estamos distorsionando el concepto bíblico de iglesia.
La iglesia no es una organización, ni un edificio, ni siquiera una congregación local. Iglesia es lo que la Biblia denomina “el cuerpo de Cristo” y se refiere al conjunto de creyentes que tienen a Cristo como su cabeza. Están unidos entre sí por la confesión de Jesús como salvador y de los dones otorgados por él mismo para la edificación del cuerpo de Cristo, usando terminología paulina.
Cuando usamos el concepto “iglesia” para referirnos a una denominación en particular o a un edificio, simplemente estamos saliendo del uso bíblico del término.
En ese sentido, la iglesia es un cuerpo de creyentes, ni siquiera un credo ni un conjunto de doctrinas, sino personas que aman a Jesucristo y se denominan sus seguidores. Es lo que señala la Biblia y expresa con su más pura sencillez.
¿Qué caracteriza a los miembros de la iglesia?
La Biblia da una sola y única característica que expresa Jesús con total trasparencia:
Ese es un punto vital. Un cristiano busca imitar a Cristo, y como tal vive de tal modo que lo expresa en su vida, pero no en actividades formales, sino en el día a día.
El dualismo ha deformado la forma de entender el cristianismo. La tendencia religiosa es circunscribir la experiencia religiosa a ritos y actividades formales. Cristo vivió y pensó la religión en el contexto de la vida cotidiana. Pablo transmite la idea de ser cartas abiertas “leídas por todos” (2 Corintios 3:2). Es decir, de cara a la gente, no encerrados entre cuatro paredes.
Por lo tanto, la característica esencial de los cristianos, no son las ideas, doctrinas, templos, edificios, instituciones, ni ningún otro elemento externo. Lo distintivo es que se amen unos a otros. Sin eso, toda la religión deriva en mera charlatanería.
¿Cómo se comportan los miembros de la iglesia?
Como hermanos. Son parte de una misma familia, por lo tanto, aunque discrepen o tengan ideas diferentes, incluso aunque tengan formas de vida disímiles, se siguen amando.
Los miembros de una familia no se odian por pensar diferente. Tampoco se rechazan mutuamente ni dejan de ser hermanos.
Los hermanos pueden ser distintos, pero no andan con rumores y chismes entre ellos. Uno de mis hermanos es pastor bautista, el otro es hippie no creyente, mi hermana es un ama de casa y educadora de párvulos, que ocupa todo su tiempo libre en el evangelismo. Cuando vivíamos en casa, muchas veces discutimos, como todos los hermanos, peleamos, nos enojamos y estuvimos sin hablarnos por unos días, pero nunca, por ninguna razón, pensamos que tendríamos menos amor unos por otros. Éramos y somos familia.
La iglesia es una familia, donde hay miembros más débiles que otros, donde tienen diferentes dones y talentos, pero todos colaboran para que todos se sientan protegidos, cuidados y contenidos. No hay lugar en una familia para maltratarse ni destruirse, si eso ocurre, algo muy malo se instala en el entorno familiar.
La Biblia utiliza dos imágenes claves para la iglesia:
¿Qué es la iglesia?
Lo primero que tenemos que preguntarnos es qué es la iglesia. A menudo solemos utilizar dicha expresión para referirnos a una organización eclesiástica: “la iglesia adventista”, “la iglesia bautista”, “la iglesia católica”. Dicho uso no es bíblico ni es correcto. En ninguna parte de la Escritura la “iglesia” está asociada a un grupo determinado con nombre y apellido.
En otras ocasiones nos referimos a la “iglesia” como si se tratara de un edificio, se suele decir, “voy a la iglesia”, “estoy en la iglesia”, etc. Otra forma impropia de utilizar el término, puesto que al ubicar espacio-temporalmente la iglesia, estamos distorsionando el concepto bíblico de iglesia.
La iglesia no es una organización, ni un edificio, ni siquiera una congregación local. Iglesia es lo que la Biblia denomina “el cuerpo de Cristo” y se refiere al conjunto de creyentes que tienen a Cristo como su cabeza. Están unidos entre sí por la confesión de Jesús como salvador y de los dones otorgados por él mismo para la edificación del cuerpo de Cristo, usando terminología paulina.
Cuando usamos el concepto “iglesia” para referirnos a una denominación en particular o a un edificio, simplemente estamos saliendo del uso bíblico del término.
En ese sentido, la iglesia es un cuerpo de creyentes, ni siquiera un credo ni un conjunto de doctrinas, sino personas que aman a Jesucristo y se denominan sus seguidores. Es lo que señala la Biblia y expresa con su más pura sencillez.
¿Qué caracteriza a los miembros de la iglesia?
La Biblia da una sola y única característica que expresa Jesús con total trasparencia:
De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros (Juan 15:35).Es decir, los cristianos, la iglesia, no será conocida por su doctrina, por sus edificios e instituciones, ni siquiera por la propaganda denominacional, sino exclusivamente por el tipo de relación que tienen unos con otros.
Ese es un punto vital. Un cristiano busca imitar a Cristo, y como tal vive de tal modo que lo expresa en su vida, pero no en actividades formales, sino en el día a día.
El dualismo ha deformado la forma de entender el cristianismo. La tendencia religiosa es circunscribir la experiencia religiosa a ritos y actividades formales. Cristo vivió y pensó la religión en el contexto de la vida cotidiana. Pablo transmite la idea de ser cartas abiertas “leídas por todos” (2 Corintios 3:2). Es decir, de cara a la gente, no encerrados entre cuatro paredes.
Por lo tanto, la característica esencial de los cristianos, no son las ideas, doctrinas, templos, edificios, instituciones, ni ningún otro elemento externo. Lo distintivo es que se amen unos a otros. Sin eso, toda la religión deriva en mera charlatanería.
¿Cómo se comportan los miembros de la iglesia?
Como hermanos. Son parte de una misma familia, por lo tanto, aunque discrepen o tengan ideas diferentes, incluso aunque tengan formas de vida disímiles, se siguen amando.
Los miembros de una familia no se odian por pensar diferente. Tampoco se rechazan mutuamente ni dejan de ser hermanos.
Los hermanos pueden ser distintos, pero no andan con rumores y chismes entre ellos. Uno de mis hermanos es pastor bautista, el otro es hippie no creyente, mi hermana es un ama de casa y educadora de párvulos, que ocupa todo su tiempo libre en el evangelismo. Cuando vivíamos en casa, muchas veces discutimos, como todos los hermanos, peleamos, nos enojamos y estuvimos sin hablarnos por unos días, pero nunca, por ninguna razón, pensamos que tendríamos menos amor unos por otros. Éramos y somos familia.
La iglesia es una familia, donde hay miembros más débiles que otros, donde tienen diferentes dones y talentos, pero todos colaboran para que todos se sientan protegidos, cuidados y contenidos. No hay lugar en una familia para maltratarse ni destruirse, si eso ocurre, algo muy malo se instala en el entorno familiar.
La Biblia utiliza dos imágenes claves para la iglesia:
- Cuerpo, donde todas las partes del mismo colaboran para el equilibrio de todos sus miembros.
- Familia, donde todos los componentes se tratan de la mejor manera posible unos y otros.
El chisme es una agente destructor. Cuando se instala el rumor y el chisme, entonces, la armonía se rompe y se da lugar a situaciones que no ayudan a la armonía y la convivencia de hermanos. Hay muchas formas en que la convivencia se altera.
- Cuando hablamos sin conocer todos los detalles y sin medir las consecuencias para las personas que tiene lo que digamos.
- Cuando se trae a colación en alguna reunión administrativa alguna información de alguna persona sin tomar los recaudos adecuados.
- Cuando grupos de hermanos o personas individuales hablan de algún miembro de iglesia como si fuera enemigo o sin actuar como corresponde a una congregación de hermanos.
Juntas de nombramientos
Nunca he entendido algunas situaciones que se dan en el contexto de las iglesias. Hermanos que se ofenden cuando no son propuestos para un cargo eclesiástico, otros que se pelean porque alguien ha tomado una responsabilidad que ellos desearían tener, etc. Dios tiene que tener mucha paciencia con los llamados “cristianos” que actúan de una forma horrorosa en la relación con sus hermanos de iglesia.
Aún no supero la impresión que tuve por una familia que conocí que odia a muerte a otra familia de la iglesia simplemente por una discusión de quienes fueron los fundadores de la iglesia, y han pasado décadas, y aunque van a la misma iglesia no se hablan, no se toleran y lo irónico es que se llaman “cristianos”. ¡Qué espectáculo para el mundo! ¡Qué regocijo para el enemigo de Dios!
Varios que me conocen saben que me opongo terminantemente a que cuando una persona va a ser propuesta para un cargo eclesiástico y está presente en la junta de nombramiento respectiva se le pida que salga de la sala. Me parece, simplemente, una falta de respeto y un insulto a la inteligencia. En varias ocasiones en que he estado en esa situación he dicho:
—Si van a hablar a mis espaldas sea bueno o malo, no voy a salir. ¿En qué parte de la Biblia se sostiene dicho criterio?
El supuesto de dicha práctica es para “hablar más tranquilo”. No me imagino a Jesucristo diciéndole a Pedro:
—Por favor Pedro, ¿podrías ir a dar un paseo que tenemos que hablar con los otros discípulos y no queremos que tú escuches? Así hablamos tranquilos.
Esa práctica fomenta el rumor, el chisme, la injuria, la calumnia, y la falta de transparencia. No es lo que sostiene Mateo 18, que cuando se va a hablar de una persona, en todo momento, el individuo es testigo presencial de lo que se habla de él.
Nunca he entendido algunas situaciones que se dan en el contexto de las iglesias. Hermanos que se ofenden cuando no son propuestos para un cargo eclesiástico, otros que se pelean porque alguien ha tomado una responsabilidad que ellos desearían tener, etc. Dios tiene que tener mucha paciencia con los llamados “cristianos” que actúan de una forma horrorosa en la relación con sus hermanos de iglesia.
Aún no supero la impresión que tuve por una familia que conocí que odia a muerte a otra familia de la iglesia simplemente por una discusión de quienes fueron los fundadores de la iglesia, y han pasado décadas, y aunque van a la misma iglesia no se hablan, no se toleran y lo irónico es que se llaman “cristianos”. ¡Qué espectáculo para el mundo! ¡Qué regocijo para el enemigo de Dios!
Varios que me conocen saben que me opongo terminantemente a que cuando una persona va a ser propuesta para un cargo eclesiástico y está presente en la junta de nombramiento respectiva se le pida que salga de la sala. Me parece, simplemente, una falta de respeto y un insulto a la inteligencia. En varias ocasiones en que he estado en esa situación he dicho:
—Si van a hablar a mis espaldas sea bueno o malo, no voy a salir. ¿En qué parte de la Biblia se sostiene dicho criterio?
El supuesto de dicha práctica es para “hablar más tranquilo”. No me imagino a Jesucristo diciéndole a Pedro:
—Por favor Pedro, ¿podrías ir a dar un paseo que tenemos que hablar con los otros discípulos y no queremos que tú escuches? Así hablamos tranquilos.
Esa práctica fomenta el rumor, el chisme, la injuria, la calumnia, y la falta de transparencia. No es lo que sostiene Mateo 18, que cuando se va a hablar de una persona, en todo momento, el individuo es testigo presencial de lo que se habla de él.
Si algo no está bien, la persona debe escucharlo, de sus hermanos, que lo aman y desean lo mejor para él. Si algo está bien, con más razón es preciso que la persona lo oiga, para su crecimiento personal.
Nunca debería decirse nada en la iglesia sin darle a la persona la oportunidad de expresar su punto de vista o de tener la oportunidad de conocer la preocupación honesta de sus hermanos que lo aman. La Biblia es clara:
Muchos, amparados en el precepto bíblico de no llevar a sus hermanos ante tribunales de justicia, se dan el lujo de difamar, emitir juicios, dar impresiones falsas, señalar errores de manera desmedida, difundir rumores, atentar contra la honra de otros individuos, etc. Todos, delitos, que podrían perfectamente ser ventilados en tribunales de justicia, pero ¿qué espectáculo sería para el mundo?
Dios espera que sus hijos actúen como él ha enseñado. Con bondad, honestidad, trasparencia y verdad. Todo otro comportamiento que salga de esos cánones, simplemente, no corresponde al actuar de una persona que dice ser seguidor de Jesucristo, quien nunca utilizó el rumor ni el chisme, de ninguna forma.
Nunca debería decirse nada en la iglesia sin darle a la persona la oportunidad de expresar su punto de vista o de tener la oportunidad de conocer la preocupación honesta de sus hermanos que lo aman. La Biblia es clara:
Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno. Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios. (Colosenses 3:8-9).Es mentira:
- Cuando se dan informaciones tergiversadas.
- Cuando se entregan datos incompletos.
- Cuando no se dicen las cosas frente a frente y a quien corresponde.
- Cuando se usa la excusa del “avance de la obra” o el cumplimiento de la misión, y se difama a alguien gratuitamente.
Muchos, amparados en el precepto bíblico de no llevar a sus hermanos ante tribunales de justicia, se dan el lujo de difamar, emitir juicios, dar impresiones falsas, señalar errores de manera desmedida, difundir rumores, atentar contra la honra de otros individuos, etc. Todos, delitos, que podrían perfectamente ser ventilados en tribunales de justicia, pero ¿qué espectáculo sería para el mundo?
Dios espera que sus hijos actúen como él ha enseñado. Con bondad, honestidad, trasparencia y verdad. Todo otro comportamiento que salga de esos cánones, simplemente, no corresponde al actuar de una persona que dice ser seguidor de Jesucristo, quien nunca utilizó el rumor ni el chisme, de ninguna forma.
Artículo siguiente: Maledicencia, el pecado del que no se habla







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